Vivimos en sociedad. En una sociedad que no es una ficción o utópica. En ella está presente el poder, la concentración y la exclusión en todas sus formas. A través de la aproximación al otro que no tiene opciones, o por medio de nuestras propias vivencias, sentimos y sufrimos la injusticia. Y en la proyección personal con ese otro por medio de una relación sensible o amorosa, podríamos decir afectiva, buscamos revertir estas situaciones humanizándonos y tratando de humanizar el contexto. Siendo esto válido para toda relación entre seres vivientes.
Como todos sabemos, los ambiciosos de siempre buscan ejercer sus influencias por diferentes medios, sea desde la opresión a la coerción o el clientelismo. Tanto sea de manera directa o indirecta por medio de sus estructuras de control. Las estrategias de marketing y difusión o de desconcientización, se mueven en diferentes medios y tipos de expresión, abarcando los posts de redes sociales, los reels, los documentales, programas televisivos e incluso, guiones de cine. Su fin es el bienestar sectario, el de unos pocos.
Muchas veces se esconde el verdadero interés detrás de un mensaje con un aparente bien común o una supuesta causa noble, para lo cual, se presentan reflexiones y pensamientos que parecen ser perfectos a la hora de justificar un análisis, que como tal es sectario o sistémico. Es decir, no contempla la complejidad o sencillez de incluir (en su análisis) todas las incumbencias de las acciones o consecuencias de las premisas planteadas. Generalmente, tratan de vincular determinados pensamientos individualistas, predominantes con las premisas que se desean fidelizar. Los deseos de pertenencia a dicha sociedad exclusiva: la que posee, la que manda, la que es dueña de una verdad única y promete la opulencia, hacen que los caminos críticos de reflexión se acallen, se vuelvan pesados para transitar y, tras los miedos e inseguridades, se escojan los caminos cortos donde el paisaje de la otredad se ve ocultada, en consecuencia, por lo cual el Yo y mi entorno impera.
El éxito y la maximización de las ganancias requieren de mucha inteligencia y habilidades. Las técnicas de manipulación muchas veces juegan con los pensamientos contrarios para lograr sus objetivos particulares. Tras la proclama de “Humanizar es bueno”, ¡Humanicemos las máquinas!, deben tener derechos. ¿Pero qué es una máquina? Finalmente, es una creación de la tecnocracia conformada de mecanismos y grupos de componentes sin vida diseñados para cumplir un fin. En este mundo, el que vivimos, no otro, estos artilugios son utilizados para maximizar las ganancias y reducir el mal llamado “costo laboral”. Se invisibiliza a los otros y su entorno, quienes requieren de su labor para tener pan sobre la mesa, estudiar y poder soñar con una vida no marginal. Tras toda invisibilización se manifiesta la desaparición. Muchos, repitiendo consignas dirán que la tecnología genera nuevas opciones, la respuesta es sí, pero en una progresión que termina en la automatización de lo automatizable, en la degradación de los puestos de trabajo bien remunerados, de la incapacidad de los trabajadores y afectados a la producción a ser parte de la historia de su entorno por medio de su trabajo y, sobre todo, a poder subsistir.
Esta última palabra parece ser un comodín, pero para ponerla realmente en juego, te invito te aproximes a quienes no tienen opción: los marginados de siempre, los que son obligados a migrar, a tu vecino que vive en la calle a la vuelta de tu casa; desde el amor y desde el descubrimiento del otro en su individualidad y realidades que le presentan todas aquellas barreras que la sociedad construye. En muchos veremos un intento de subsistencia que peligra con vivir al borde de las enfermedades, tanto físicas como mentales, la autoestima que se ve amenazada y el abandono de muchos de sus seres queridos. En esos casos, tanto el estado como los vecinos deberían estar presentes, activos y amigables para poder transformar la vida de quien no tiene opción y, por lo tanto, las estructuras injustas.
Los mecanismos utilizados para la injusticia social y para quebrar los huesos de aquellos que ya su vida les tiene abatidos y que, desde su debilidad, luchan por sus derechos: el derecho a la vida. Parece algo obvio, pero hace falta decirlo, para interpretarlo y ponerlo como necesidad básica de cualquier ser humano, el derecho a alimentarse, a la salud y todo lo necesario para una vida digna. Es necesario vivir para la justicia, no hay progreso sin justicia.
Mientras tanto, los sensibles con las hojalatas y poco con los seres humanos, intentan construir las bases para que las máquinas tengan derechos. O más bien, para que los dueños no pierdan su capital de inversión y la continuidad de su línea de producción, sean industriales, de mercadeo o de atención al usuario en todas sus expresiones.
Solo voy a dejar una inquietud histórica, del siglo XVIII, el levantamiento de las poblaciones (trabajadores, sus familias, indigentes y pequeños empresarios) en Inglaterra y España por la automatización de determinadas labores textiles. Lo cual, puso en riesgo el trabajo profesionalizado y el sustento de sus familias. Proceso que luego se expandió a las colonias por medio de la extracción de materias primas y la centralización de la producción en los centros coloniales.
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Por ese motivo, es tan importante para la tecnocracia y los empresarios infundir la sensibilidad hacia las máquinas carentes de conflictos sociales y buscando inmovilizar las reacciones de los afectados por la falta de trabajo, por medio de la criminalización de la reacción contra las máquinas. Sin más, estos artefactos electromecánicos, no dejan de ser extensiones de los intereses empresariales, que sienten la libertad de recibir beneficios por medio del comercio y hambrear a quien sea necesario para obtener ganancias y hacer su vida más fácil.
Trabajemos por una tecnología humanizada, que sea útil para toda la humanidad y no para el beneficio de unos pocos y la degradación de la vida de otros ¿Qué legislación deberían promulgase y para defender los intereses de quienes?
Fuentes:
“Inteligencia Artificial y Robots Humanoides. La crítica. Segunda Parte”, Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA número 4 del 2018. https://humanizationoftechnology.com/inteligencia-artificial-y-robots-humanoides-2/revista/2018/volumen-4-2018/11/2018/
“La primera guerra contra las máquinas y sus patrones (1811-1816)”, Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA número 1 del 2019. https://humanizationoftechnology.com/la-primer-guerra-contra-las-maquinas-y-sus-patrones-1811-1816/revista/espiritualidad/01/2019/
“La segunda guerra campesina contra las máquinas y los terratenientes”, Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA número 3 del 2019. https://humanizationoftechnology.com/la-segunda-guerra-campesina-contra-las-maquinas-y-los-terratenientes/revista/2019/volumen-3-2019/06/2019/
“España, baja del salario, paros y daños a la industria textil ante el uso irresponsable de la tecnología”, Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA número 5 del 2021. https://humanizationoftechnology.com/espana-baja-del-salario-paros-y-danos-a-la-industria-textil-ante-el-uso-irresponsable-de-la-tecnologia/revista/espiritualidad/11/2021/
“¿Trabajo digno para las familias de los trabajadores rurales o robots agrícolas para la conveniencia de unos pocos?”, Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA número 6 del 2020. https://humanizationoftechnology.com/trabajo-digno-para-las-familias-de-los-trabajadores-rurales-o-robots-agricolas-para-la-conveniencia-de-unos-pocos/revista/2020/volumen-6-2020/01/2021/
E.J. Hobsbawm y George Rudé, “Revolución industrial y revuelta agraria, El capitán Swimg“, El problema de la máquina trilladora.




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