¿Para qué haces eso si nada cambia?

Acompañamiento solidaridad

Durante mi formación como filósofo me he encontrado con muchas dudas al respecto de la condición humana: sobre si es bueno o malo por naturaleza, el condicionamiento y transformación de su carácter que recibe gracias al entorno en el que crece e incluso, su falta de compromiso ante su deber ético para una plena convivencia en sociedad. Esto, no ha hecho otra cosa más que atormentar mi corazón y fragmentarlo cada vez que anda al lado de la injusticia, de la desigualdad, pero, en general, en compañía de la indiferencia que existe en el mundo por estos casos.

En estos últimos días, he tenido la grata sorpresa de encontrarme con Gustavo y su increíble visión del mundo, pero no solo eso, a través de su libro Cuando los pobres nos llaman a la conversación, también tuve la oportunidad de observar el mundo de aquellos que son marginados y, con los cuales, la opresión del sistema es más sebera en contra de ellos.

Siempre he sabido de la importancia de la acción frente a la palabra, y vos seguro que la habrás escuchado en relaciones de pareja, pero ¿Qué ocurre cuando esto lo trasladamos a una lucha social? Lucha que busca una “praxis comunitaria” siendo acompañantes de aquellos a los que llamamos “personas en situación de calle”, aunque, como ahora yo los conozco y como Gustavo, no, mejor dicho, como ellxs mismxs quieren ser conocidxs, es como: “los amigos de la calle”.

Antes de Gustavo, no conocía a ninguna otra persona que hablara, viviera, pero, sobre todo, que entendiera el significado de lo que es el acompañar al otro. Y esta, plasmada en un libro de fácil lectura, es la historia de una persona que comprende la importancia del amor dentro de nuestra sociedad. Aunque no es solo eso, sino que también es reflejo de un compromiso por querer cambiar al mundo, comprendiendo que, el sostenimiento de una institución de la calle: “La familia de la calle”, no viene desde un complejo de “salvador” o tomando en cuenta la protección “paternalista”.

Ayudar no es lo mismo que proveer. Y aunque creamos que con nuestra acción de dar o solventar de algo a una persona que se encuentra en situación de calle “ayudamos”, lo que conocemos como “la caridad tradicional”, tiende a tener una imagen de proveedor (paternalismo), pero también hacemos de ello una relación entre opresor y oprimido. El acercarse y ser parte de la familia de la calle, se enfoca principalmente en escuchar e incluso, en no querer cambiar las cosas desde nuestra propia realidad, es decir, sin imponer la idea de que la otra persona no es autosuficiente y, en consecuencia, esa persona es colonizada por nuestra realidad.

Por ello, cuando en verdad tomamos la decisión de ayudar a las personas, se realiza desde la igualdad, lo que bien recupera Gustavo, “viéndonos como prójimos”[1]. De esta manera rompemos todas las relaciones de poder, de superioridad y de opresión. Ya que, al querer ayudar sin la intención de estar en una relación entre iguales, no hacemos otra cosa que imponer nuestra realidad a personas que viven y padecen el mundo desde otro contexto.

Desde mi opinión, este libro no pretende ser un manual “técnico” con las instrucciones a seguir para solucionar este problema, sino que es una bitácora de vida, pero no solo la de Gustavo. Pues dentro de este libro escuchamos las voces de personas que son invisibilizadas, marginadas e incluso, olvidadas. La grandeza de ello es que Gustavo no pretende imponerse a la hora de relatar estos hechos, pues todo lo hace desde la igualdad, empatía y el amor; escribe el testimonio de los amigos de la calle, pero no como a vos te gustaría escucharlos, sino como ellos mismos quieren ser escuchados.

El mundo avanza y lo hace con un discurso de odio, uno en donde el individuo resalta por encima de la colectividad, pero en esta misma “colectividad”, ocurren casos que se encargan de segregar, de dividir, de enmarcar y de decir: “no perteneces aquí”. Hemos olvidado lo que significa “acompañar”, ya que, cuando lo hacemos, pensamos que simplemente se trata de colaborar, pero esto no es así.

El “acompañar” debe significar: escuchar desde una posición de igualdad las vivencias de los individuos, no se trata de resolver los problemas de cada uno, ya que, como individuos, en ellos descansa la autosuficiencia de solventar su vida; en el acompañamiento debe ser necesario conocer el entorno y las situaciones que vive el otro, esto con el fin de no imponer nuestra realidad.

Esta bitácora que comparte Gustavo o “Jugo loco” y los amigos de la calle, ha logrado enardecer mi pecho, pues me ha mostrado que, por más veces que yo escuche el discurso de “para que haces eso si nada cambia”, es posible que “la esperanza de un tiempo de renovación, del advenimiento de una sociedad más justa, equitativa y amorosa”[2] en realidad es posible, y aunque el cambio no sea inmediato, basta con ver el cambio que provocan nuestras acciones, pero, en general, nuestra vida sobre la de los otros; recordando que nuestra convivencia en sociedad, tiene que ser desde la igualdad y observar que todas las personas son parte de este proyecto. El objetivo no es “darle” voz al marginado, sino escucharlo y, sobre todo, “generar un nexo que permita empujarse y levantarse por sí mismo. Está pidiendo una relación liberadora, no una dependiente”[3].


Fuentes:

Reimondo, Gustavo. Cuando los pobres nos llaman a la conversión. Buenos Aires: TECNOLOGIA HUMANIZADA, 2018.

[1] “Para que alguien sea prójimo tiene que estar al mismo nivel, no en un nivel bastardeado o de inferioridad”. Cfr. G. Reimondo. Cuando los pobres nos llaman a la conversión. E-libro Pp. 64.

[2] G. Reimondo, Cuando los pobres nos llaman a la conversión (Buenos Aires: TECNOLOGIA HUMANIZADA, 2018). E-libro Pp.49.   

[3] G. Reimondo, Cuando los pobres nos llaman a la conversión (Buenos Aires: TECNOLOGIA HUMANIZADA, 2018). E-libro Pp.95.

Acerca de Cristian Hernandez Olvera 10 Artículos
Mi nombre es Cristian, actualmente soy estudiante de filosofía y poseo una fuerte convicción: hacer de nuestra realidad un mundo donde la justicia y el amor sean los valores que predominen. La búsqueda por el bien es la única tarea que tengo en mente por realizar y, hasta que no vea ese sueño realizado, dedicaré mi vida para crear las condiciones y espacios de igualdad. Un mundo mejor si es posible.

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