El progreso tecnológico como mito del proceso evolutivo

Hoy disponemos de un producto y servicio, mañana se nos ofrece uno más complejo, que solo existe como nuevo en su característica de mayor complejidad. Consideramos que es beneficioso para nosotros y la sociedad. Es más apenas logra ese producto o servicio alcanzar una cantidad de usuarios tal que estos permiten el desarrollo de la actividad, ya se convierte en una única alternativa. Si existieran usuarios que creen adecuada la tecnología anterior estos son descalificados, no certificados por la sociedad tecnocrática. Generalmente en la actualidad se da la posibilidad de reducir el consumo eléctrico del dispositivo y a su vez también el aumento de las establecidas como nuevas prestaciones o necesidades. Adoptar una solución ecológica siempre es bien aceptada, ello es correcto, sin embargo no sucede lo mismo con los aspectos relacionados con la inclusión social. Un accionar no ecológico afecta a todos, pero una injusticia social se cree que no. También hay una ansiedad desmedida, el pertenecer a los exitosos, a los que sobrevivirán y serán más aptos por adoptar las nuevas tecnologías. El darwinismo social está muy presente en el transhumanismo y en la mentalidad del mundo tecnológico. Se considera que el progreso es infinito y que está autogobernado por una fuerza evolutiva superadora. Sin objeciones y sin ponerla en evidencia el sesgo fundamentalista evita cualquier análisis sistémico que contemple las injusticias y la deshumanización.

La tecnología está gobernada por grupos de intereses en común, es decir los inversores, los empresarios y los diferentes círculos que dependen de ello, que gracias al dogma o mito de la evolución superadora se convierte en una dictadura. La jerarquía es auto sostenida por dicha construcción metafísica.  Toda realidad social que no es parte de dichos círculos de intereses exclusivos es negada.

La ideología de la superación fundamenta una necesidad humana basada en una posible catástrofe, que requerirá el sacrificio de algunos y la superación por parte de unos pocos elegidos. La tecnocracia pone lo tecnológico sobre el valor humano pregonando una catástrofe inevitable. ¿Volvemos a una deidad del diluvio, de un apocalipsis sacado de contexto histórico? Se argumenta, de esta manera, un avance tecnológico infinito que garantice la salvaguarda de un grupo selecto de sobrevivientes. De esta manera sesga la razón de una manera fundamentalista e idealista ante las injusticias sociales, la falta evidente de opciones, la irresponsabilidad humana de no cuidar de los sectores vulnerables, pasando sectores enteros a ser prescindibles. Se plantea la dominación de otros planetas como meta urgente, que obviamente centra las ganancias en su sector. El tecnócrata se ve como un conquistador.

El subconsciente colectivo dirigido por la ciencia del marketing, un trabajo que se ve intensificado hace muchas décadas atrás, impone que las nuevas alternativas tecnológicas, es decir la complejización de una tecnología existente, conllevan en forma indiscutible a una evolución social. Los productos y servicios de las nuevas mutaciones de las aplicaciones tecnológicas, en su gran magnitud, se ven absorbidas por el sector que genera mayor beneficio económico. Algo considerado muy lógico, en un mundo regido por premisas inhumanas y dogmáticamente justificadas como describimos anteriormente. En pos del beneficio económico sabemos que se trata de reducir el costo laboral. Los sectores pudientes se convierten en consumidores no críticos de nuevos servicios que no dan opción laboral para los sectores relegados. La situación es perversa, la supuesta evolución se convierte en una religión fundamentalista que sacrifica lentamente vidas humanas. El dolor de estómago por falta de comida aumenta y nadie lo escucha.

El que consume la tecnología, que a su vez la incorpora a su vida, se considera el ser. Quienes no acceden al nivel de vida que puede consumir cotidianamente las nuevas teologías son el no-ser. Por lo tanto son dignos de ser conquistados, deshumanizados, considerados casi personas, o de una voz no digna de ser escuchada. Se recrea el mito de la modernidad, donde unos se consideran liberadores imponiendo un consumo y una forma de vida, de una única validación del ser.  El que no consume estos servicios es el  incivilizado y debe ser conquistado, y si no accede a dicha conquista ser descartado sin cuestionamiento alguno. Esto lo podemos ver en la obsecuencia de las aplicaciones tecnológicas en la eliminación de costos laborales, es decir del trabajo y servicios de determinadas personas. Una situación que se hace sumamente evidente en la automación y baja de costos en al manufactura, la robotización agraria, la nueva tendencia a imponerse de vehículos autónomos y robots apara entregas a domicilio, los sistemas de auto cobro en negocios y muchas aplicaciones más. En la afirmación del mito no hay lugar a cuestionamiento y las justificaciones son basadas en la realidad de unos pocos, y por esto se puede asegurar su índole fundamentalista. Los que logran adecuarse o tener acceso a una pequeña ventana de posibilidades no encuentran otro camino más que alinearse en defensa de su ilusión de llegar  a pertenecer al sector de los sobrevivientes o más bien dicho, los inhumanos y sesgados por la promesa final del mito, pertenecer a la sociedad exitosa. Es ridículo pensar que en este artículo se cree en una opción donde la tecnología es mala, sino todo lo contrario que la misma aplicada responsablemente es beneficiosa. Pero, que dominada por la injusticia e ideología y su marco de aplicación, baja para ser perversa y deshumanizante.

Humanizar la tecnología, tecnología humanizada, se trata de revertir el uso no responsable de la tecnología convertida en una herramienta gobernada por unos pocos en función de sus utopías individualistas y personales. Significa poner en el centro la vida humana, la justicia y por ende que sea una compañera de las personas para permitirles ser más sensibles y ser un medio de colaboración con quienes tienen menos oportunidades. Que le hombre sea el liberador liberado de su deshumanización.


Fuentes:

«Enrique Dussel y el mito de la modernidad», Cuadernos de Filosofía Latinoamericana / ISSN 0120-8462 / Vol. 38 / No. 116 / 2017 / pp. 97-115, de Diego Fernando Camelo Perdomo.
«El mito del progreso técnico en la sociedad moderna y su papel en una economía al servicio de la vida», de Francisco Miguel dos Santos Venes.
«La tía Maruja se queda sin trabajo. Análisis crítico a la automación en la limpieza» Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA número 1 del 2020, de Gustavo Reimondo.
«El comercio electrónico y logística en manos de robots para el beneficio de unos pocos» Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA número 5 del 2019, de Gustavo Reimondo.

Gustavo Reimondo
Acerca de Gustavo Reimondo 82 Artículos
Coordinador de Tecnología Humanizada. Coordinador del proyecto Realidad Empoderada. Un proyecto de realidad virtual para la concientización en una praxis solidaria. Miembro del grupo: "La familia de la calle", organización conformada por personas indigentes y no indigentes en una relación igualitaria. Coordinador de proyectos de Infraestructura Física de Telecomunicaciones. Experto en Robótica, Instrumentación & Control, IoT, Sensórica y sistemas microcontrolados.

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