En los últimos meses, tribunales de Estados Unidos han comenzado a tomar decisiones que muchas familias esperaban desde hace tiempo. En marzo de 2026, un jurado de Los Ángeles determinó que Meta, empresa propietaria de Facebook e Instagram, y Google, propietaria de Youtube, son responsables del daño psicológico que sufrió una joven que, según su testimonio, comenzó a usar estas plataformas desde los seis años de edad y llegó a pasar hasta 16 horas diarias conectada. (1) El caso concluyó con una indemnización de seis millones de dólares y marcó un precedente de alta importancia, pues por primera vez, una empresa de redes sociales tuvo que responder ante un jurado por los efectos de el diseño de sus plataformas puede generar en la salud mental de los menores de edad. (2)
¿Qué significa exactamente el concepto de «diseño adictivo»? Los abogados que representan a las víctimas explican que las aplicaciones incorporan funciones pensadas para mantener la atención del usuario durante el mayor tiempo posible. Entre ellas están el «scroll infinito», que permite desplazarse continuamente sin llegar al final del contenido, y la reproducción automática de videos.(3) Según los demandantes, estas herramientas no son casualidad, ni producto del azar, sino que forman parte de estrategias destinadas a incrementar el tiempo de permanencia dentro de plataformas, pues dicho tiempo se traduce en beneficios económicos para las empresas.
Conviene señalar que la discusión actual no gira en torno a demonizar la tecnología ni a desconocer los beneficios que ofrecen las plataformas digitales. Millones de personas utilizan diariamente estas herramientas para aprender, comunicarse, trabajar o mantener contacto con familiares y amigos. El debate que hoy se desarrolla en tribunales, universidades y organismos de protección de derechos se centra en determinar hasta dónde llega la responsabilidad de las empresas cuando determinados elementos de diseño pueden influir significativamente en los hábitos de uso, especialmente entre niñas, niños y adolescentes.
Para comprender mejor cómo esta situación puede afectar a familias de cualquier estrato social, pensemos en un caso hipotético, aunque muy similar a situaciones que se viven diariamente en distintos países de América Latina. Imaginemos a Valeria, una adolescente de 14 años que vive en un barrio popular de una gran ciudad latinoamericana. Como su mamá trabaja todo el día, el celular que heredó de su hermano mayor se convierte en su principal compañía. Poco a poco, Valeria empieza a pasar más de ocho horas diarias entre videos cortos y redes sociales. Deja de realizar algunas actividades escolares, duerme menos horas y empieza a compararse constantemente con otras jóvenes observa en línea, afectando gradualmente su autoestima. Su madre percibe los cambios, pero desconoce que herramientas utilizar y, además, no cuenta con acceso sencillo a servicios psicológos gratuitos especializados.
Este ejemplo ilustra una realidad importante sobre los problemas que hoy se discuten en los tribunales y que no afectan a todas las familias de la misma manera. En contextos de vulnerabilidad económica y social, las consecuencias suelen manifestarse de forma distinta y, en muchos casos, resultar más difíciles de atender. No se trata necesariamente de un mayor acceso a la tecnología, sino de una menor disponibilidad de recursos para acompañar, supervisar o intervenir oportunamente cuando surgen riesgos asociados al entorno digital.
Mientras una familia con mayores posibilidades económicas puede acceder a orientación psicológica, herramientas de supervisión parental o actividades formativas y recreativas que favorezcan un uso equilibrado de la tecnología, muchas familias de bajos ingresos enfrentan limitaciones importantes para contar con estos apoyos. Incluso en contextos donde el acceso a la energía eléctrica es limitado o inexistente y, en consecuencia, la conectividad a internet y el uso de dispositivos digitales resultan intermitentes o precarios, cuando éstos se encuentran disponibles suelen ser compartidos entre varios integrantes del hogar. En tales circunstancias, la falta de acompañamiento especializado puede aumentar la vulnerabilidad frente a fenómenos como el ciberacoso, la exposición a contenidos perjudiciales, los fraudes digitales o determinadas formas de dependencia tecnológica.
Por otra parte, en situaciones de exclusión social más severa, como la vivida por personas y familias en situación de calle, los desafíos digitales adquieren características diferentes. En estos casos, el problema no necesariamente radica en el uso intensivo de las plataformas, sino en la escasez de recursos básicos para protegerse de otros riesgos asociados al entorno digital, así como en la ausencia de redes de apoyo que permitan enfrentar de manera adecuada las consecuencias de dichos riesgos.
Las familias más afectadas por la dependencia tecnológica
En familias con recursos limitados, el problema puede adquirir domensiones más complejas. Con frecuencia el teléfono celular constituye el principal medio de acceso a información, entretenimiento e incluso educación. Los padres y madres, que muchas veces trabajan largas jornadas o desempleñan actividades informales, disponen de menos tiempo para supervisar el uso de los dispositivos y en ocasiones, desconocen los riesgos asociados a determinadas prácticas digitales.
En estos contextos, el uso excesivo de las plataformas pude generar, aislamiento social, dificultades para la concentración, alteraciones en los hábitos de sueño y una mayor exposición a contenidos potencialmente perjudiciales. También puede contribuir a la aparición de ansiedad, baja autoestima o problemas emocionales, especialmente cuando no existen redes de apoyo suficientes ni acceso oportuno a atención especializada.
También es importante reconocer que la supervisión digital se ha convertido en uno de los desafíos más complejos para las familias contemporáneas. A diferencia de generaciones anteriores, los padres y madres de hoy enfrentan un entorno tecnológico que evoluciona a gran velocidad, donde nuevas aplicaciones, contenidos y formas de interacción aparecen constantemente. En muchos hogares no existe una falta de interés por acompañar a los menores, sino una dificultad real para mantenerse actualizados frente a herramientas que cambian más rápido que las posibilidades de adaptación de las propias familias.
Diversos estudios realizados en América Latina muestran que una parte importante de los adolescentes presenta niveles preocupantes de dependencia tecnológica, situación que suele agravarse cuando existen pocos recursos familiares o escaso acompañamiento educativo. Se trata de un fenómeno que no sólo impacta a las personas, sino también a las comunidades donde se desarrollan.
Niños y jóvenes que podrían dedicar más tiempo a actividades educativas, deportivas, culturales o comunitarias pueden llegar a concentrar una parte importante de su tiempo libre en entornos digitales diseñados para captar su atención de manera constante. Esta realidad plantea desafíos importantes para las familias, las escuelas y las autoridades encargadas de proteger el bienestar de la infancia y la adolescencia.
Además, las y los jóvenes que viven en la calle o en contextos de alta vulnerabilidad suelen tener menos vínculos familiares estables y menos figuras adultas de confianza que los acompañen. Esto puede llevarlos a buscar, en las redes sociales el sentido de pertenencia o la validación que no encuentran en otros espacios. Organizaciones que trabajan con jóvenes en situación de calle han señalado que el uso intensivo de plataformas digitales y redes sociales también puede aumentar su exposición a situaciones de riesgo, como el contacto con desconocidos o la difusión de contenido inapropiado. (4)
Lo que está ocurriendo en los tribunales estadounidenses representa, sin duda, un paso importante en la discusión sobre la responsabilidad digital. Recientemente, la jueza Carolyn Kuhl, rechazo solicitudes presentadas por Meta y Google para anular el veredicto emitido en su contra, fortaleciendo la posibilidad de que las empresas deban responder jurídicamente por determinados efectos asociados al funcionamiento de sus plataformas. (5) Sin embargo, en América Latina todavía no existen demandas similares, y muchas familias permanecen fuera de las discusiones regulatorias que comienzan a desarrollarese en otras regiones.
Más allá de los resultados específicos de estos litigios, el tema plantea una pregunta de fondo que trasciende fronteras: ¿cómo construir entornos digitales que promuevan el desarrollo humano sin sacrificar la innovación tecnológica? La respuesta probablemente no dependa únicamente de regulaciones o sentencias judiciales, sino también de la participación conjunta de empresas, autoridades educativas, especialistas en salud mental, familias y usuarios. La construcción de una ciudadanía digital responsable exige un esfuerzo compartido que permita aprovechar los beneficios de la tecnología sin ignorar los riesgos que pueden acompañarla.
Hablar de estos temas en un lenguaje simple y para todo ser humano es importante en esta éra digital porque la tecnología no es neutral, ésta fue diseñada especialmente con intereses comerciales, y quienes más sufren sus efectos negativos suelen ser quienes tienen menos herramientas y recursos para defenderse, dar información clara sobre el uso del tiempo de pantalla y exigir que las plataformas se hagan responsables son pasos necesarios para que el bienestar de niñas, niños y adolescentes esté primero.
Acompañar a las familias, promover la alfabetización digital, brindar información comprensible sobre el uso saludable de la tecnología y exigir mayores estándares de responsabilidad a las plataformas son acciones necesarias para colocar el bienestar de niñas, niños y adolescentes en el centro de la transformación digital, bajo los principios de una Tecnología Humanizada.
Referencias
(1) Mújica, J. E. Meta y Google son responsables de daño psicológico, según demanda perdida en tribunales estadounidenses. ZENIT-Español. https://es.zenit.org/2026/03/27/meta-y-google-son-responsables-de-dano-psicologico-segun-demanda-perdida-en-tribunales-estadounidenses/
(2) El Otro Lado. Meta y YouTube han perdido un juicio y son declaradas negligentes. https://www.elotrolado.net/noticias/internet/meta-google-adiccion-redes-sociales
(3) Infoperiodistas. Meta y Google responsables por adicción a las redes sociales en un fallo histórico. https://diario.infoperiodistas.info/meta-y-google-responsables-por-adiccion-a-las-redes-sociales-en-un-fallo-historico/
(4) Poritz, I., & Graf, R. Meta enfrenta demandas por enganchar a menores en redes sociales. Bloomberg Linea. https://www.bloomberglinea.com/actualidad/meta-enfrenta-demandas-por-enganchar-a-menores-en-redes-sociales/
(5) El Tiempo. Meta y Google enfrentan en tribunales acusaciones de haber diseñado redes sociales para supuestamente generar adicción infantil: ¿en qué va el juicio? https://www.eltiempo.com/mundo/eeuu-y-canada/meta-y-google-enfrentan-en-tribunales-acusaciones-de-haber-disenado-redes-sociales-para-supuestamente-generar-adiccion-infantil-en-que-va-el-juicio-3530981



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