La ciencia como conocimiento situado: transformación del saber desde el cuerpo

Ciencia situada Donna Hannaway

En esta nota no pretendo retomar toda la teoría ni mucho menos opinar en gran medida sobre el feminismo, sino, que, con ayuda de Donna Hannaway, el rumbo por el que pretendo orientar este escrito será en observar cómo es posible hacer que la ciencia pierda su objetividad al interpretar sus resultados desde marcos culturales que segregan. Por ello, el concepto que desarrolla la gran pensadora feminista: “conocimiento situado” No pretende negar los “avances” que la ciencia puede desarrollar, pero tampoco pretende entrar en el relativismo del todo vale; en consecuencia, el papel que tiene dentro de esta nota será el de dar cuenta que la ciencia y el conocimiento científico, depende de un contexto social, histórico y geográfico de quien lo produce.

Los avances que ha producido el conocimiento científico han ido, en gran medida, ofreciendo una calidad de vida inmejorable, claro, esto si hablamos de la técnica (tecnología). Pero, aunque esto así sea, al menos en una ciencia idealista, ¿para quienes son estos avances que dicho conocimiento puede ofrecer? Y bueno, no pensemos en los resultados prácticos, sino, que también es válido pensar en quiénes tienen realmente acceso a ese conocimiento teórico.

Pues sin duda, no solo lo producido debe de tener una considerable accesibilidad para los “subyugados”, sino que es preciso que la única forma en la que se puede reproducir y transformar dicho saber, sea por la teoría accesible a todo sector marginado. De esta manera, juzgar quien es el que produce el conocimiento científico y para quiénes lo reproduce, es el principal modo por el cual la ciencia pierde su objetividad. Ya que, “necesitamos aprender desde nuestros cuerpos” y, para quien es marginado, es lo que permite “ligar el objetivo a nuestros escáneres políticos y teóricos para nombrar dónde estamos y dónde no”[1].

Por lo tanto, el conocimiento situado no permite la exclusión, sino la participación de todos desde el saber contextual (social, histórico, económico y político) que es capaz de otorgar visibilización y, por su puesto, la capacidad de nombrar su mundo desde y cómo lo ve. Puesto que si el mundo es de quien es capaz de nombrarlo, para Donna, el mundo es de quien es capaz de verlo y el conocimiento situado da paso a esa percepción.

Por ello, la ciencia, si pretende ser un conocimiento verdaderamente “objetivo” no debe de excluir las relaciones culturales, sociales y políticas que lo fundamentan, ni mucho menos ignorar los datos sobre los sectores que se han marginado. Puesto que, si el resultado es el de invisibilizar ciertos sectores, el conocimiento científico, puede ser utilizado como un “arma” capaz de vulnerabilizar cuerpos y subyugar o someter la individualidad de las personas. En otras palabras, quienes tengan el saber harán que la ciencia se convierta en una “retórica social creadora de artefactos que configuran el mundo en objetos efectivos”. Se convierte “en una práctica de persuasiones que cambian el mundo y que se disfrazan de maravillosos nuevos objetos, tales como los microbios, los quarkes y los genes”[2].

De esta manera, el papel que tiene el conocimiento situado es arrebatar, no solo la pretensión de la “objetividad”, sino que también el poder que esta tiene sobre la configuración del mundo “para todos”.

Al realizar la lectura de dicha autora me recordó las clases que tuve en filosofía de la ciencia, en donde cuestionábamos los marcos “objetivos” de su conocimiento científico, pero, principalmente, de la responsabilidad ética que tienen los científicos al realizar dicho conocimiento. El caso que analizábamos era el de la creación de la bomba atómica y, por supuesto, donde lejos de tener una consciencia plena por lo que se hacía, algunos científicos decidieron ignorar las consecuencias (a penas planteadas en la teoría) y excusarse con el hecho de que seguían órdenes.

Así, el conocimiento científico que es incapaz de plantearse dentro de un saber situado: ¿Por qué lo hago? ¿Para quiénes lo estoy haciendo? ¿Qué consecuencias tendrá? Y ¿Quién me está dirigiendo? Es incapaz de generar un verdadero “avance” dentro de la vida de todas las personas. Por ello, la importancia de este conocimiento que Donna plantea, es importante retomarlo dentro de las vidas de los marginados en donde, a todos nos corresponde, encarnar y visibilizar el mundo por el que somos afectados, en última instancia, el hacer de la ciencia desde los sectores vulnerabilizados se hace desde el cuerpo. Y solo de esta manera podemos dar cuenta que

  la ciencia, no es tan ciencia

cuando no tiene conciencia.[3]

 


Fuentes:

Donna Hanaway. “Conocimientos situados: la cuestión científica en el feminismo y el privilegio de la perspectiva parcial” en Ciencia, cyborgs y mujeres. La invención de la naturaleza. Madrid: Catedra, 1995.

[1] Donna Hanaway. “Conocimientos situados: la cuestión científica en el feminismo y el privilegio de la perspectiva parcial” en Ciencia, cyborgs y mujeres. La invención de la naturaleza. Madrid: Catedra. Pp.12

[2] Idem. Pp. 5.

[3] Claudio Martínez Paiva. Que me perdone la ciencia.

Acerca de Cristian Hernandez Olvera 12 Artículos
Mi nombre es Cristian, actualmente soy estudiante de filosofía y poseo una fuerte convicción: hacer de nuestra realidad un mundo donde la justicia y el amor sean los valores que predominen. La búsqueda por el bien es la única tarea que tengo en mente por realizar y, hasta que no vea ese sueño realizado, dedicaré mi vida para crear las condiciones y espacios de igualdad. Un mundo mejor si es posible.

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