En la actualidad de una manera u otra somos usuarios consumidores de tecnología. Nuestros sentidos interactúan con la realidad por intermedio de la tecnología. De una manera tal que en la mayoría de los casos las sensaciones son captadas de la realidad por medio de la mediación, control o en algunos casos generación por circuitos electrónicos. A diferencia del pasado, donde como mucho las imágenes eran ampliadas o procesadas por sistemas escópicos que permitían tener una mayor apreciación de lo real sin la interferencia o procesamiento, por ejemplo, de las imágenes. Los dispositivos de observación estaban diseñados para reflejar la realidad al usuario, no para gobernar la percepción de este.
Hoy día gran parte de la realidad se observa por medio de pantallas y sistemas electrónicos, cuya función es el dominio de las imágenes que se le presentan al usuario. Los sistemas recrean los contenidos ofrecidos por el dispositivo, y el usuario los acepta sin interactuar críticamente. Por otro lado, la obsolescencia tecnológica logra que la tecnología o los artefactos que hoy tienen un valor dejen de tenerlo, por ser sustituidos por nuevos dispositivos, en la mayoría de los casos sin posibilidades de actualización. De esa manera, el usuario, el ser humano, pierde interés sobre el valor del conocimiento que ha creado al dispositivo. Los procesos de sustitución, debido a la falta de un criterio planificador y normalizador, son tan rápidos que el usuario llega a desvincular el uso del dispositivo del conocimiento que lo produce. En dicha disociación, su pensamiento se vuelve mágico y sin buscar explicación o indagar sobre los procesos que lo producen.
Tanto los resultados obtenidos o generados por los dispositivos, y su consiguiente deformación de la realidad, el usuario pierde relación con esta. A su vez, como en el proceso de obsolescencia, las imágenes e información proyectadas al usuario cambian con gran rapidez, sin la existencia de un tiempo para su análisis y estudio sistémico o estructural con la información recibida.
En ambos casos, el de la pérdida de valor del conocimiento y la rapidez con que se presentan y gobiernan las imágenes e información, el usuario, el humano, solo alcanza a realizar un análisis superficial de la información y del conocimiento que produce la tecnología en cuestión. Por consiguiente, impera el pensamiento mágico, que teme profundizar en la realidad y promete soluciones mágicas al mundo basadas en la exterioridad e incluso, en la estética deshumanizada carente de un análisis sensible que busque explicaciones basadas en la ciencia, el análisis crítico y menos aún en una praxis social por medio de la convivencia. Todo se percibe desde la poca meditación, somero estudio y poca profundidad.
“La cibernética simula lo real a partir de su modulación como realidad virtual codificada. Sin embargo, su vocación no es literaria; no busca crear mundos fantásticos que dialoguen analógicamente con el mundo real. Por el contrario, lo que busca es moldear el efecto de realidad a partir de su codificación.” Ignacio Libretti, “Del pensamiento conceptual al pensamiento mágico. Nociones sobre el estatuto de la práctica teórica en la Cultura_RAM”
No podemos ser tan ingenuos de darle el carácter de autonomocracia a la tecnología, ya que, como sabemos, está gobernada por el mercado y a su vez el mercado enaltece a un grupo selecto de poder que brega por el control verticalista de la sociedad, el cual se impone como centro. El poder tecnocrático y político hegemónico desde sus estructuras o feudos se encarga de alimentar y generar los contenidos de los procesos tecnológicos por medio de sus gobernados. La promesa de que la tecnología por sí misma creará un bienestar de vida universal se hace creíble. Mientras seguimos consumiendo la irrealidad virtual que se nos presenta y buscamos por algún modo defenderla, porque se tiene pavor a ver libremente la realidad, sin intermediaciones. Los tecnócratas y los dispositivos forman el sistema de patronos por los cuales la sociedad busca la mediación para su interpretación engañosa. La dolorosa realidad, del pobre, de los que viven en la calle, de los que comen unas pocas veces a la semana, del que vive endeudado, del que sufre, las minorías sin poder y que no tienen opción en ese mundo de irrealidades y explicaciones superficiales.
El embrutecimiento de la humanidad toma poder absoluto y soberano, se explican banalmente los complejos problemas sociales, la discriminación, y si nos referimos a la política mundial de turno (2025), se tiene una idea corrupta (deformada) de la homosexualidad, de las adicciones, de la falta de oportunidades, etc…
«La saturación por superficie característica del aparato digital, modula la realidad en un doble sentido. Por una parte, informática – administración electrónica de datos –. Por otra, imaginaria – proyección de datos mediante imágenes técnicas –. La cibernética opera como una interfaz que simula realidad a partir de información imaginaria. Se apropia de lo real cercándolo virtualmente. Dicha apropiación de lo real mediante información imaginaria simulada programáticamente implicó el desarrollo de un tipo particular de cultura: la cultura_RAM.» Ignacio Libretti, “Del pensamiento conceptual al pensamiento mágico. Nociones sobre el estatuto de la práctica teórica en la Cultura_RAM”
El pensamiento mágico se apodera de toda reflexión posible por medio de la conmoción sin requerir rigurosidad y de esta manera despoja al ser humano de poder conceptualizar y contextualizar. La inmediatez o saturación de imágenes e información no dejan tiempo ni espacio a un ciclo por el cual el ser humano pueda realizar una comprobación práctica y un análisis de detección de errores para su ajuste y posible acción transformadora. Se presenta una red de información fragmentada que no permite un análisis estructural crítico y de esta manera se impone el culto a lo superficial, a lo efímero, a lo mágico.
«[…] estar acostumbrados a la tecnología no tiene nada que ver con el estar acostumbrados a la ciencia, más bien tiene que ver con el eterno recurso a la magia […] La presunción de que se podía pasar de golpe de una causa a un efecto por cortocircuito, sin completar los pasos intermedios. Clavo un alfiler en la estatuilla que representa al enemigo y este muere, pronuncio una fórmula y transformo el hierro en oro, convoco a los ángeles y envío a través de ellos un mensaje […] La magia ignora la larga cadena de las causas y los efectos y sobre todo, no se ocupa de establecer, probando y volviendo a probar, si hay una relación entre causa y efecto. De ahí su fascinación, desde las sociedades primitivas hasta nuestro renacimiento solar y más allá, hasta la pléyade de sectas ocultistas omnipresentes en Internet.» Umberto Eco, “El mago y el científico”, en El País, 15 de diciembre de 2002.
A nivel personal he percibido como muchos jóvenes creen que los artefactos tecnológicos son mágicos, que es magia; renegándose de todo interés a buscar las explicaciones a su funcionamiento y rechazando el conocimiento, los procesos científicos y de verificación. Estamos entrando en un mundo moderno medieval, con un feudalismo que se arraiga cada vez más fuerte, y con una negación a la educación base del progreso humano y de la erradicación de los fundamentalismos religiosos y políticos.
Fuentes:
Ignacio Libretti, “Del pensamiento conceptual al pensamiento mágico. Nociones sobre el estatuto de la práctica teórica en la Cultura_RAM”
Antonio Machuca, «El pensamiento mágico en el mundo secularizado»
G. Reimondo, “El Dios Mercado y El Señor TECNOLOGIA”, TECNOLOGIA HUMANIZADA Num. 5 2019



Sé el primero en comentar