En el desarrollo de la primera parte de esta nota se consideró la desaparición de la esfera pública ante el inminente desarrollo tecnológico, ya que, si bien las redes sociales nos “acercan” con los otros, el sistema de aparatos en su conjunto nos priva del desenvolvimiento de nuestra pluralidad humana que se manifiesta por medio del discurso y la acción. Esta manifestación es de suma importancia para el ser visto y ser escuchado por los demás.
En consecuencia, lo que nos hace aparecer en un espacio común se convierte en un espacio diseñado para unos pocos. Al conformarse la pluralidad humana en una sola manera de pensar y actuar, entramos en una esfera social en donde la vida activa (labor, trabajo y acción) se convierten en el espacio de el hombre. Pero ¿Por qué medios es que se puede conformar la pluralidad humana? Una de estas maneras, son por parte de las innovaciones tecnológicas que se convierten en un sistema de aparatos que modifican el desenvolvimiento de la vida humana en el que, no actúan ni deliberan, sino que se comportan de acuerdo con normas y un único interés en común.
Ahora bien, el objetivo que tiene esta segunda parte será el exponer los problemas con los que la vida humana se enfrenta al quedar expuesta ante un sistema de aparatos; posteriormente a ello, es necesario problematizar sobre cómo la esfera de lo social tiene un mayor peso en la vida activa gracias al conformismo que se da por medio del valor de exhibición. Pero sobre todo, observar cómo los grupos “vulnerables” o “marginados” han sido relegados de este conjunto de aparatos: no porque no existan, sino porque sus vidas no encajan en la lógica de exposición, aspiración y consumo que estos sistemas privilegian.
Sistema de aparatos, articulación de los cuerpos y valor de exhibición.
Las cámaras, televisiones, micrófonos y cualquier dispositivo tecnológico constituyen una red técnica con el cual nos relacionamos. Esta relación se da a través de la configuración corporal: las poses frente a la cámara, la modulación de la voz ante un micrófono o la expresión controlada para un programa televisivo. Todos estos gestos forman parte de la articulación de los cuerpos frente a los aparatos.
Benjamin lo ejemplifica claramente: en el cine, los cuerpos actúan para un sistema de aparatos que, a su vez, funcionan como jueces o expertos que deciden si la actuación es válida. La voz actúa para el micrófono; la piel, para las luces; los movimientos, para la cámara. El valor de exhibición sustituye al valor de uso o al valor ritual, orientando toda conducta hacia la exposición constante[1]. Y en esta lógica de exposición, no todos los cuerpos tienen el mismo valor: los cuerpos pobres, discapacitados, racializados o no ajustados al ideal aspiracionista quedan fuera del encuadre, convertidos en sombras dentro de un espacio que se presenta como “abierto para todos”.
De esta manera, el conjunto de aparatos son capaces de articular los cuerpos al indicar cómo los sujetos deben actuar y relacionarse con ellos. Lo vemos hoy en electrodomésticos, anuncios publicitarios, la duración de videos en TikTok o Instagram e incluso en aplicaciones como Facebook: todos estos sistemas están diseñados para moldear la manera en que las personas “actúan” delante de ellos.
La consecuencia de esta articulación es que los cuerpos han adquirido un valor de exhibición al estar constantemente expuestos por este sistema. Lo que importa es que se muestre lo que se “consume”, pero la realidad, es que ahora el cuerpo adorna la mercancía al ser un aparato de exhibición.
Como señalaba Arendt, la esfera pública se construye a través de un mundo material en común[2]. Pero este mundo ha caído en manos de unos pocos capaces de articular los cuerpos y las subjetividades mediante sistemas de aparatos. En consecuencia, ya no existe un mundo material que nos ponga en relación con los otros: existe un conjunto de artefactos que nos conforman y delimitan.
Por último, el mayor problema que la vida tiene al relacionarse con este conjunto de aparatos es el olvido de la relación que tienen los sujetos con sus cuerpos. Puesto que si bien, el sistema de aparatos al ser expuestos masivamente, tienen la oportunidad de ser vistos y escuchados por todo el mundo, también tienen la posibilidad de administrar la percepción e incluso, de fabricar un consenso sobre lo que puede o no debe exhibirse.
De esta manera, los cuerpos no son vulnerables en sí mismos ante la vida activa (Labor, Trabajo y Acción) que surge entre los hombres, sino que son vulnerabilizados por medio de este conjunto de dispositivos que crea un cuerpo que, en lugar de abrirnos al mundo común, queda capturado por una lógica que lo separa, lo exhibe y, finalmente, lo despoja de su mundo.
Por ello, las tendencias y discursos que se producen en este conjunto de aparatos muestran una vida aspiracionista: una vida que separa, clasifica y excluye a quienes no tienen acceso a ese mundo. Así, mientras algunos cuerpos se exhiben y circulan, otros (los cuerpos pobres, marginados y vulnerabilizados) permanecen invisibles, fuera de foco, sin posibilidad de aparecer en un espacio que se supone común.
En conclusión, los cuerpos no son vulnerables por naturaleza, sino que son vulnerabilizados por este conjunto de aparatos que decide quién aparece y quién queda fuera. El cuerpo que antes abría un mundo común, hoy se ve capturado por una lógica que lo separa, lo exhibe o lo borra: una lógica que vuelve visibles solo a unos pocos y condena a muchos (sobre todo a los pobres y marginados) a la invisibilidad.
Fuentes:
Hanna Arendt. “La esfera pública y privada” En La condición Humana. Trad. ns. Ramón Gil Novales. Buenos Aires: Paidós. 2009.
Walter Benjamin. “El cine y el desempeño calificable” En La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. México: Itaca. 2003.
[1] Cfr. Walter Benjamin. El arte en la época de su reproductibilidad técnica. 66.
[2] Cfr. Hanna Arendt. La condición humana. 60.



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