Por isso, desde já, saliente-se a necessidade de uma permanente atitude crítica, único modo pelo qual o homem realizará sua vocação natural de integrar-se, superando a atitude do simples ajustamento ou acomodação, apreendendo temas e tarefas de sua época[1].
~ Paulo Freire, Educação como prática da liberdade
El pensamiento freiriano nos recuerda que un sistema es opresor cuando deshumaniza a los seres humanos, despojándolos de su palabra y de su derecho a existir con dignidad. Hoy, las aplicaciones móviles se han convertido en la llave de acceso a derechos humanos fundamentales: para tramitar un apoyo social, buscar un refugio temporal, agendar una cita médica básica o incluso, conseguir un empleo informal; casi siempre se necesita descargar una aplicación o interactuar con una plataforma digital. ¿Pero qué pasa con quien no tiene un teléfono inteligente, no cuenta con datos móviles o no tiene luz eléctrica para cargar una batería?
Aquí es donde la tecnología comete su mayor injusticia. Al digitalizar todos los servicios esenciales a través de aplicaciones complejas, el sistema crea una nueva forma de analfabetismo y de exclusión. La persona marginada queda atrapada en una vulnerabilidad extrema: se le exige usar herramientas diseñadas para un mundo al que no pertenece.
Las aplicaciones asumen que todo usuario tiene una dirección fija, una cuenta bancaria, una conexión Wi-Fi estable y un entorno seguro para navegar. Al ignorar la realidad de la intemperie, la tecnología no solo les da la espalda, sino que la culpa de su propia situación, tratándolas como seres invisibles que no encajan en el «progreso» moderno.
Freire insistía en que la verdadera solidaridad no consiste en dar limosnas desde una posición de superioridad, sino en encarnar la realidad del otro para transformarla juntos. Una tecnología que verdaderamente opte por los marginados no puede seguir diseñándose desde oficinas de cristal pensando solo en el consumo. Consecuencia de esto, surge una manera de pensar en que el simple hecho de «dar acceso» al internet o regalar un teléfono a una comunidad marginada será sinónimo de progreso.
Pero la realidad es que muchas de estas aplicaciones están creadas desde la lógica del poder y el dinero e incluso, imponen una sola forma de ver el mundo: una donde el éxito es consumir. Esto silencia la cultura propia, las luchas locales y los saberes de la comunidad. En lugar de usar la tecnología para denunciar las injusticias, terminamos usando la tecnología para adaptarnos a las reglas del opresor, olvidando que la verdadera transformación nace de nuestra propia voz.
Como menciona Paulo Freire, si el ser humano es un ser de relaciones, más vale pensar que las relaciones con el mundo se dan del estar con ella y en ella, porque los actos de creación, recreación y decisión van humanizándola[2]. De esta manera, la conscientização (concientización), permite la participación de los hombres dentro del mundo, cosa que las apps deberían de generar y no una dispersión del actuar humano reflexivo y consciente sobre su estar en el mundo.
Así, para las personas marginadas, la liberación no llegará descargando una aplicación de asistencia social que las trate como números o casos fríos. Por ello, comienza desde una praxis fuera de las “Elites”. Grupos identificables como lo son Google, Apple, Meta y Linkedin, enfocan su práctica en una “tecnología con rasgos humanos” en donde esta y la IA, están hechas con el fin de ocultar a los verdaderos responsables sobre su programación deshumanizada. Puesto que, en los algoritmos de sus aplicaciones, se encuentran censura en ciertos post con un enfoque “liberador” o de “justicia social”, de esta manera, se limita lo que se ve y se escucha dentro de algunas de sus aplicaciones.
Recuperar la humanidad en tiempos digitales significa garantizar que nadie sea privado de su dignidad o de su voz por el simple hecho de no tener un espacio en la memoria de una aplicación social. Pues, solo cuando las aplicaciones dejen de ser depósitos de nuestra atención y pasen a ser herramientas de nuestra conciencia, la tecnología será verdaderamente de todos.
Por ello, el análisis crítico desde una lectura freiriana sobre las apps, me parece, descansa principalmente en los algoritmos que moldean la consciencia y, en consecuencia, impiden una praxis desde las apps. Una interfaz liberadora debe hablar el idioma de la gente. Debe ser intuitiva, usar audios si la persona no sabe leer y basarse en las necesidades urgentes del usuario. Además, debe tener en cuenta las situaciones en las que, personas con discapacidades visuales o auditivas, puedan acceder a estos dispositivos. Ya que, si desde una app de salud se busca asistencia sobre la salud del usuario, esta no debe pedirle un código postal o una cuenta bancaria; debe partir de su situación de intemperie y guiarla con dignidad respetando su contexto.
Fuentes:
Paulo Freire, Educación como práctica de la libertad. Rio de janeiro: Editorial Paz y Tierra, 1967.
[1] Por eso, desde ya, se destaca la necesidad de una permanente actitud crítica, único modo por el cual el hombre realizará su vocación natural de integrarse, superando la actitud del simple ajustamiento o acomodación, aprendiendo temas y tareas de su época. Freire, Educación cómo práctica de la libertad. Rio de Janeiro: Editorial Paz y tierra, 1967. 44.
[2] Idem. 43.



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