En esta oportunidad, veremos nuevamente las potentes posibles aplicaciones de la tecnología actual en aplicaciones como la “telemedicina” o medicina a distancia. En continuidad con una nota reciente sobre una aplicación con IA para el diagnóstico pediátrico, ahora veremos una herramienta digital para el seguimiento y cuidado correcto de heridas.
Cuidado médico y soporte de la inteligencia artificial.
Últimamente, podemos notar con mayor frecuencia que el uso de las inteligencias artificiales, y sus diversos modelos de aprendizaje, se introduce fuerte y aceleradamente en las diversas capas de nuestra sociedad. Esferas de la vida en las que quizás antes nos hubiera costado aceptarlo como bueno, o incluso permitirlo. Hoy es diferente, y casi no dudamos de lo que nos ofrece internet y su gran variedad de “chatbot”.
Pongamos de ejemplo a Wound AIssist, una aplicación móvil que utiliza inteligencia artificial para el diagnóstico y cuidado de heridas tras una intervención quirúrgica, y generalmente durante el proceso posoperatorio. El funcionamiento consiste, en resumidas cuentas, en la comprensión del estado de la curación de la herida, identificación de problemas tales como inflamación, presencia bacteriana, infección, tejido muerto (esfacelo, necrosis), etc., a través de fotografías, videos y cuestionarios que el paciente completa personalmente.
Podría decirse que esta aplicación es una especie de bitácora, o diario personal, donde un paciente va registrando el proceso de curación y cicatrización. Toma fotos y llena cuestionarios con preguntas sobre cómo percibe la herida. Esto es lo que corresponde al usuario.
Ahora, el siguiente paso es que la IA analice las imágenes, coteje los datos con información de otros pacientes y genere una serie de conclusiones: desarrollo normal, cicatrización correcta, observación de coloración anómala, posible infección, etc.
Finalmente, un médico informado monitoriza los resultados del caso, ofrece seguimiento remoto y realiza consultas a través de video, de ser necesario por el paciente.
Por lo que parece, este es un “mercado” en auge. Varias son las aplicaciones y plataformas que ofrecen este innovador servicio: Tissue Analytics (2014), Swift Skin & Wound (2015), y un largo etcétera. El caso de WoundAIssist es interesante, porque está diseñado pensando en el paciente, y particularmente en el adulto mayor, quienes en ocasiones pueden tener complicaciones con el manejo de las aplicaciones, menús, etc.
Muchas otras aplicaciones o plataformas están dirigidas para el uso informado y exclusivo del profesional de la salud. Sin embargo, aquí tenemos una herramienta digital que integra la participación del paciente, su médico asignado, y la inteligencia artificial entre medio, recopilando, analizando y entregando resultados. Esto es la telemedicina moderna.
“La IA no reemplaza, solo apoya, mejora, perfecciona”
Ahora bien, el debate alrededor de la inteligencia artificial es una cosa vieja. Data incluso desde antes de su actual versión y capacidad. Su presencia social contemporánea, y su mayoritaria aceptación, ha levantado alguna que otra crispación entre los críticos de sectores especializados (traducción, escritura, arte, diseño, educación, entretenimiento, etc.). Estas críticas pueden ser muy diversas, algunas más coherentes e inmediatas, y otras tan catastrofistas que apelan a la ciencia ficción (y que ojo, a veces terminan haciéndose realidad).
En cualquier caso, mucho se suele decir entre aquellos que están a favor de las inteligencias artificiales, que estas no buscan la sustitución del factor humano, sino apoyar el desarrollo del mismo.
No obstante, en algún grado ya se percibe la enorme dependencia de ellas, y en última instancia, de obsolescencia del criterio humano. Ya contamos con varios trabajos e investigaciones que abarcan hablan sobre estos efectos en el ámbito educativo, donde se percibe poca autonomía, falta de criterio, empobrecimiento del razonamiento lógico, etc.
En las tareas cotidianas, se comenta, y con mayor presencia en las nuevas generaciones, fenómenos como la inercia cognitiva (falta de confianza a tomar decisiones sin el criterio de la IA), atrofia de la improvisación o la resolución inmediata, sesgos y poco interés por ampliar los gustos o intereses, etc.
Ahora, esa es una parte del problema, y una seria. Pero, por otro lado, en la mentalidad contemporánea, el individuo humano como trabajador, como profesional, como especialista, va empezando a quedar poquito a poco, más relegado.
Y aunque no lo vendan así, porque por supuesto que no lo van a hacer, en los movimientos y planificaciones de los grandes conglomerados, de las potencias económicas, en la industria pesada, la idea sí que es el reemplazo, si esto supone abaratar costos.
Conclusión.
Sin duda, la inteligencia artificial es una herramienta poderosa. Ya está más que demostrada su utilidad. En la comparación máquina-humano, la capacidad humana no consigue, por poner un ejemplo, analizar grandes cantidades de información en segundos.
Por lo mismo, y como creación humana, somos conscientes de lo valioso que puede llegar a ser la inteligencia artificial para diversos ámbitos como el reconocimiento instantáneo, el análisis de datos, automatización de procesos prolongados y cálculo, etc., a todos los niveles. Sin embargo, el riesgo de “sustitución humana” está ahí (entre muchos otros riesgos de la larga lista), y esto no es algo insignificante.
Tendremos que aprender a navegar la tendencia deshumanizante que enfatiza y privilegia los resultados mecánicos y productivos, la velocidad, lo inmediato, antes que la vocación, cuestionamiento y versatilidad humana. Ciertamente, hay áreas más técnicas que otras, donde la sustitución no atente directamente contra lo humano. Frente al desarrollo tecnológico, siempre hemos tenido que encontrar la manera de reajustar la vida.
Sin embargo, no deberíamos olvidar que todas estas actividades son susceptibles del componente humano, un ser vivo, fraternal, reflexivo, capaz de empatía, complejo y creativo. Si esta calidez se termina enfriando por el afán de la generación mecánica, autómata, inmediata, a costa de la “productividad”, todas las áreas del saber y hacer humano serán blanco fácil de la sustitución tecnológica de la humanidad.
Fuentes:
Gerlich, M. (2025). Herramientas de IA en la sociedad: impactos en la descarga cognitiva y el futuro del pensamiento crítico. Sociedades, 15 (1), 6.
https://doi.org/10.3390/soc15010006
Información exhaustiva sobre el proyecto WoundAIssist:
https://arxiv.org/html/2506.06104v1#S1
Voces del cambio: la IA generativa y la transformación del trabajo en América Latina. (2025)
Garcia Castro, R. A., Apaza Romero, M., Mariñas Dill-Erva, R. E., & Zapana Ancota, N. D. (2026). Dependencia funcional a la inteligencia artificial en la universidad: Una lectura desde la disrupción cognitiva. RIED-Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 29(2).
https://doi.org/10.5944/ried.47025
El mecanismo de impacto de la dependencia de la inteligencia artificial en la capacidad de innovación de los estudiantes: un estudio empírico de China (2025)
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41459277/
Dependencia de la IA y pensamiento crítico de los aprendices: el mecanismo psicológico de la fatiga y el papel de amortiguador social de la alfabetización en IA (2025)
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0001691825010388#ab0005



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