Uso de redes sociales en menores de 16 desde la periferia

Uso de redes sociales en menores

Preguntarse sobre los problemas que generan las redes sociales en la salud mental de los menores de 16 años, no es suficiente si no lo pensamos desde la periferia. Pues, principalmente, tener en cuenta las condiciones materiales en las que ciertas personas han sido estructuralmente marginadas, no genera la misma “dependencia” o el mismo “daño”. El objetivo de este escrito no es simplificar el problema solo a lo material, pero sí explorar esta vía para realizar un análisis pertinente al respecto.

En muchos casos, familias que viven al día, ciertamente no pueden dar para comprar un dispositivo a cada uno de sus miembros (pensemos en una familia de cuatro personas: dos padres y dos hijos). Lo que parece una herramienta “individual” o “personal” se convierte en un recurso compartido, así, el contenido en dichas redes sociales tiene la posibilidad de establecer un algoritmo que ciertamente no es para menores de 16 años.

Además, las características que presentan dichos dispositivos como: gama baja y con una limitación en la memoria, crean una manera en la que el contenido se consume de diferentes formas. Por ejemplo, el modelo que siguen las aplicaciones LITE. Por su puesto, habría que pensar si desde la periferia es posible mantener una compra mensual a internet. Por ello, una alternativa ante esta “dificultad” es el consumo de internet público o datos prepagados.

Esta exposición la ofrezco para dar cuenta de algo: la condición material desde la cual el contenido es consumido por parte de la periferia, son modos segregados (pero condicionados) para que el contenido de las redes sociales se consuma de otra manera en relación con los menores a 16 años. De esta manera la experiencia de consumo y, en gran parte, la manera en la que la salud mental se expone no es solo desde lo digital, sino que también desde el entorno en el que se encuentra.

En contextos de la periferia, las redes sociales pueden ser el único espacio de ocio “seguro» cuando el espacio físico (la calle, el barrio) está atravesado por la violencia o la falta de espacios recreativos. El problema con esto es que ese ocio “seguro”, se convierte en un medio por el cual la vida de los menores pasa a ser administrada.

Puesto que, en la visualización de las redes sociales (reels o tik toks), se encuentran con estéticas que se alejan de sus marcos económicos (mayormente lujos o viajes), generando un deseo de pertenecer a un centro global mientras se habita una periferia física. El choque que tiene con su realidad no genera un espacio de ocio “seguro”, sino que lo contrasta y lo vuelve frustrante.

Tik Tok e Instagram tienden a mostrar lo que, desde sus algoritmos, es el sistema periférico, pero lejos de retratarla, solo la llenan de estéticas en las que no pertenecen a dichos sistemas. Si las redes sociales se pretenden “regular” para menores de 16 años, se debe de tener en cuenta la periferia y no solo los marcos hegemónicos o los que sí son visibles en el Estado.

Dar cuenta de que muchos de los dispositivos no son de uso individual sino compartido, hacen que establecer una edad digital para evitar el “daño” no sería posible ni mucho menos algo “seguro”. El control para evitar dichos malestares en los menores de 16 años desde la periferia no pretende darle un dispositivo a cada uno y administrarlo, sino, mejorar las condiciones que permitan un ocio “seguro” desde una infraestructura recreativa.

Además, para evitar dichos daños en la salud mental, me parece indispensable que exista alguien con quien desahogarse, pues esa vida aspiracionista no hace más que causar frustración al contrastarla con la realidad en la que viven. Pues desde la periferia no tiene sentido (aún) prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 años, cuando estos pueden acceder por medio de dispositivos de uso compartido.

Fijarse en las condiciones que hacen posible dicha frustración, serían las primeras en resolverse antes de prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 años desde la periferia. Además, entender que mientras el centro digital intenta «mapear» y estandarizar la juventud, la periferia sobrevive “hackeando” los códigos del sistema para decir: «Estamos aquí y nuestra realidad no cabe en tu píxel».

Acerca de Cristian Hernandez Olvera 10 Artículos
Mi nombre es Cristian, actualmente soy estudiante de filosofía y poseo una fuerte convicción: hacer de nuestra realidad un mundo donde la justicia y el amor sean los valores que predominen. La búsqueda por el bien es la única tarea que tengo en mente por realizar y, hasta que no vea ese sueño realizado, dedicaré mi vida para crear las condiciones y espacios de igualdad. Un mundo mejor si es posible.

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