Tecnología e inclusión digital en la economía popular: desafíos y esperanzas desde la Pastoral Social Evangélica

Brecha digital, inclusión desde la Pastoral Social Evangélica

En la vida cotidiana de los sectores populares, la tecnología ocupa hoy un lugar cada vez más central. El teléfono celular, el acceso a internet y las herramientas digitales ya no son un lujo ni un accesorio: se han vuelto instrumentos fundamentales para poder trabajar, estudiar, organizar la vida familiar y ejercer derechos. Sin embargo, el acceso y el uso efectivo de estas tecnologías siguen estando profundamente marcados por las desigualdades sociales. Desde la experiencia de la Pastoral Social Evangélica (PSE) y su trabajo junto a comunidades de la economía popular, esta realidad se hace más que evidente.

El sociólogo uruguayo (radicado en Brasil) Bernardo Sorj advierte que las tecnologías digitales se han convertido en parte de los bienes que determinan la calidad de vida y las oportunidades de desarrollo en las sociedades contemporáneas. El acceso a estas herramientas ya no puede considerarse un lujo, sino una condición cada vez más necesaria para la integración plena en la vida social.[1]

En ese sentido, las personas que forman parte de la economía popular —trabajadoras y trabajadores de comedores comunitarios, feriantes, recicladores urbanos, emprendedoras barriales, cooperativistas, jóvenes en búsqueda de oportunidades— enfrentan múltiples limitaciones para acceder plenamente al mundo digital. En muchos hogares el único dispositivo disponible es un celular compartido por toda la familia. Las computadoras son escasas, antiguas o inexistentes, y el acceso a internet depende muchas veces de datos móviles limitados y con elevados costos.

Estas dificultades materiales forman parte de lo que los estudios sociales denominan brecha digital, es decir, las desigualdades en el acceso, uso y calidad de las tecnologías de la información y la comunicación. Pero la brecha digital no se limita a la disponibilidad de dispositivos o a la conectividad. También incluye el acceso a conocimientos, habilidades y oportunidades para utilizar la tecnología de manera significativa.

La expansión tecnológica no elimina automáticamente las desigualdades. El filósofo Byung-Chul Han afirma que “la sociedad digital de hoy no es una sociedad sin clases”.[2] Por el contrario, los datos, los algoritmos y las plataformas también clasifican y segmentan a las personas, generando nuevas formas de inclusión y exclusión. En este contexto, la brecha digital no es solo una cuestión técnica, sino también social y política: quién accede, quién sabe usar las herramientas y quién queda afuera de las oportunidades que abre el mundo digital.

Esta reflexión resulta especialmente relevante para los sectores de la economía popular. Muchas personas han aprendido a utilizar el celular para comunicarse por mensajería o redes sociales, pero no necesariamente cuentan con herramientas para aprovechar otras posibilidades que ofrece la tecnología: realizar trámites en línea, gestionar emprendimientos, acceder a capacitaciones virtuales o utilizar plataformas de venta.

Esta situación se vuelve más evidente cuando el Estado o distintas instituciones trasladan cada vez más gestiones al ámbito digital. Trámites para acceder a programas sociales, turnos de salud, inscripción en capacitaciones o consultas administrativas requieren el uso de plataformas en línea que no siempre resultan accesibles para quienes tienen conectividad precaria o poca experiencia digital. Así, la digitalización puede terminar generando nuevas formas de exclusión si no se desarrollan políticas y programas que acompañen a los sectores más vulnerados.

Sin embargo, en medio de estas limitaciones también aparecen oportunidades muy significativas. En los barrios donde la Pastoral Social Evangélica desarrolla su trabajo, se observa un enorme interés por aprender y apropiarse de las herramientas digitales. Jóvenes que ayudan a sus familias con trámites en línea, mujeres que impulsan pequeños emprendimientos a través de redes sociales, trabajadores de la economía popular que buscan mejorar la difusión de sus productos o servicios. Existe una creatividad y una capacidad de adaptación muy grande que, con el acompañamiento adecuado, pueden convertirse en una poderosa herramienta de inclusión.

Desde la perspectiva pastoral y comunitaria que anima el trabajo de la PSE, la tecnología no es un fin en sí mismo, sino un medio para fortalecer la dignidad, la autonomía y la participación de las personas. La inclusión digital forma parte de una concepción más amplia de justicia social, que busca garantizar que ninguna persona quede excluida de las herramientas necesarias para desarrollarse plenamente en una sociedad cada vez más tecnologizada.

En ese marco, la Pastoral Social Evangélica ha presentado un proyecto de capacitación digital orientado a sectores de la economía popular. La iniciativa busca generar espacios de formación accesibles y cercanos a las comunidades, donde las personas puedan adquirir habilidades básicas y prácticas para el uso de herramientas tecnológicas. El objetivo no es solo enseñar a manejar dispositivos o aplicaciones, sino también fortalecer la confianza y la autonomía digital.

Entre los contenidos previstos se incluyen el uso básico de computadoras y teléfonos inteligentes, la navegación segura en internet, la realización de trámites digitales, el uso de plataformas de comunicación y herramientas para el desarrollo de pequeños emprendimientos. También se busca promover una mirada crítica y responsable sobre el uso de la tecnología, considerando aspectos como la protección de datos personales, el cuidado frente a estafas digitales y el uso saludable de las redes.

La experiencia pastoral demuestra que los espacios comunitarios —comedores, iglesias, centros barriales— pueden convertirse en lugares privilegiados para este tipo de procesos de aprendizaje. Allí no solo se transmite conocimiento técnico, sino que se construyen vínculos de confianza, se comparten saberes entre generaciones y se generan redes de apoyo mutuo.

Desde una mirada inspirada en el Evangelio, el acceso al conocimiento y a las herramientas que permiten participar plenamente en la sociedad es también una cuestión ética y espiritual. La tradición bíblica insiste en la importancia de derribar barreras que excluyen y de abrir caminos para que todas las personas puedan desarrollar sus dones y capacidades.

En tiempos en que la tecnología puede profundizar desigualdades o abrir nuevas posibilidades de dignidad, la pregunta no es solo quién tiene acceso a internet, sino qué sociedad queremos construir con esas herramientas. La inclusión digital, en este sentido, es parte del compromiso por una sociedad donde la justicia, la solidaridad y el bien común orienten también el desarrollo tecnológico.

Quizás por eso la tarea pastoral y social en este campo tiene algo de llamado profético: ayudar a que las herramientas del presente se conviertan en semillas de futuro. Como escribe el pastor y poeta Gerardo Oberman, es tiempo de “mirar de frente al mundo roto por los odios” que marginan, discriminan, excluyen y de anunciar caminos de gracia y liberación para quienes han sido empujados a los márgenes de la historia.

El profeta Oseas tiene una frase que aplica muy bien para concluir este artículo: “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento” (Oseas 4:6). La inclusión digital, entonces, no es solo un proyecto técnico ni educativo. Aporta a la posibilidad de una supervivencia cierta en un mundo que deja fuera a quienes no le pueden seguir el ritmo. Y, en ese sentido, la inclusión digital es también un gesto de esperanza. Un modo concreto de afirmar que, incluso en medio de las desigualdades de nuestro tiempo, sigue siendo posible construir comunidades donde el conocimiento, las oportunidades y la dignidad no sean privilegio de algunos, sino derecho y horizonte para todas las personas.


Fuentes:

[1] Para profundizar pueden acceder al libro de Sorj, Bernardo. Information Societies and Digital Divides. Polity Press, 2008.

[2] Byung-Chul Han, “El lenguaje está siendo silenciado”, entrevista en ZEIT Wissen. Traducción de la cita realizada con DeepL.

Acerca de Gerardo Oberman 3 Artículos
Pastor de las Iglesias Reformadas en Argentina, integrante de la Mesa Ecuménica por la democracia, la vida y el bien común, fundador y coordinador continental de la Red Crearte, miembro del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, integrante de la Mesa de Coordinación de la Pastoral Social Evangélica. Músico, compositor, poeta.

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