-Mi dueño quiere eficiencia, discúlpame-. Crítica al uso no responsable de la tecnología en sus aspectos sociales

La tecnología actúa sobre una base cultural y de los intereses de determinados sectores sociales. No es neutra. Es creada por personas que priorizan sus intereses y conveniencias que sin ser sometidas a la crítica y especialmente a una relación amorosa con el marginado. Así, se profundiza la injusticia, la exclusividad y el poder de unos pocos. Sin embargo, desde una opción por el que no la tiene, es posible producir tecnología transformadora. Para ello también es necesario reflexionar sobre cuál es el estado del arte del marketing y el lobby de los empresarios, sus corporaciones y técnicas de invisibilización de quienes promueven las injusticias en su beneficio propio. A través de técnicas de mercadeo, aplicadas históricamente, se valoriza a los mecanismos sofisticados como humanos.  Esto es parte de las acciones que realizan aquellos que forman parte de una ideología alineada con el mito del progreso tecnológico. Buscan por medio de la empatía poner un velo, una venda, a la visión y percepción del ser humano que a su vez es tratado meramente como un  consumidor.

La sociedad está inmersa en un mundo donde parecería ser que la única forma de comprenderlo y actuar en el mismo está basada en la acumulación y en el hacer eficientes las ganancias. Los profesionales son educados dentro de dicha ideología. Muchas veces desde los mismos sectores académicos no se denuncia la existencia de una religión, la del Mercado. Que ha calado profundamente en la mutilación de la conciencia humana. Esferas políticas, religiosas, sociales, académicas y hasta sectores relegados le han ofrecido y ofrecen culto y obsecuencia. El mandato de hacer máximas las ganancias, aplicado indiscriminadamente a toda relación de producción y trabajo, conlleva a disminuir costos. Entre ellos, los relacionados con la mano de obra. Se pone al descubierto, una vez más, la relación no vincular en la necesidad entre el inversionista o empresario y quienes generan las ganancias, los trabajadores. Cada uno de ellos luchando por su vida, sus necesidades, su entorno familiar y social; y siendo parte de un motor de bienestar de su comunidad. Cómo digo siempre, y como lo han dicho muchos, la tecnología no es buena ni mala, pero sí está contextualizada con una aplicación dada y un diseño dirigido. El diseño de mecanismos que sustituyen el trabajo, y por ende, niega las posibilidades laborales de determinados sectores, que son su sostén y el de sus familias, pone en ejecución un plan sistemático de marginación y desaparición. Actuando como toda ideología o religión que brega por el beneficio de una elite, donde esta se cree dueña de una verdad  y con derecho exclusivo a determinar lo bueno y lo malo, y así ocultar las injusticias. Los cuerpos, en necesidad física y espiritual, son devastados, quebrados y mutilados por falta de opciones en un mundo donde el engaño y el ocultamiento es moneda corriente.

-¡Los robots tienen vida, sentimientos y derechos! – impulsa como ideología la tecnocracia.

La automación desmedida crece como prioridad del empresario para bajar los costos de producción y la dependencia de los trabajadores. ¿Por qué? Porque tratar y depender de otros seres humanos crea conflicto, necesidades, derechos y posibilidades de reclamos. El empresario desea asegurarse las ganancias y la exclusividad de tener derecho a sus supuestos beneficios. Cuanto más se reduzca el entorno, menos riesgo tiene el empresario de perder el control de la producción, las ganancias y su estatus.  El propietario desea la reducción de los riesgos y costos, suplantando a los trabajadores por medio de automatizaciones en un ambiente controlado de producción, donde se reduzcan al máximo los imprevistos.  Las necesidades naturales de los trabajadores son visitas como un costo y una desventaja.  A su vez el operario no es percibido tampoco cómo un integrante de la comunidad donde se vive, se es parte y se recibe acompañamiento. Este proceso, no solo se manifiesta en líneas de producción sino que también en la automación de las tareas asociadas con las relaciones sociales. En este último caso, se rigidizan y limitan las interacciones en función de hacerse aceptables para el desarrollo seguro del servicio automatizado. Se desprecia o también se anula la posibilidad de un servicio  a la comunidad o al cliente. Se cercena la posibilidad de atender lo que se consideran anomalías o casos particulares. Se desatienden determinados sectores que no pueden acceder a la estructura creada, tanto sea por cuestiones culturales, de necesidad, de acceso y otras series de impedimentos que pueden ser muy poco probables para unos y una continua negación para otros.

Uno de los dichos más deshumanizantes que se leen y escuchan son: los robots no duermen, los robots no se enferman, no requieren de vacaciones, no tienen hijos, no se fatigan y no requieren de horas extra. Podemos darnos cuenta fácilmente que si analizamos  el problema exclusivamente desde una perspectiva que solo incluye operatorias controladas en costo y campo de acción, un mecanismo puede efectivamente cumplir estas premisas. Poniéndose un sesgo a  toda posibilidad de un análisis sistémico y humanista. Todas esas afirmaciones, fundamentadas desde la visión dominante, necesitan igualar al robot con el ser humano. Para ello, el humano es visto a su vez como un robot, un mecanismo biológico. Carente de todo valor particular en su existencia. Dentro de las primeras astucias de la tecnocracia puedo citar el presentar al robot como un ser que tiene la posibilidad de tener sentimientos y una proyección evolutiva. De esta manera, por medio del cine, las noticias y las notas literarias de mercadeo, se manifiesta al robot como un ser con capacidades humanas o superiores. Es notable, que en la literatura es común el recurso de contar historias de artefactos u objetos  que toman vida, para utilizarlos como espejo para el lector. Es útil para poner en autocrítica o al descubierto determinadas características humanas. Esto fue y es empleado por la tecnocracia para generar recursos de mercadeo que fomenten y establezcan una falsa empatía con los mecanismos que tanto se busca imponer en la vida cotidiana humana. Siempre con el fin de comercializar nuevos productos y  sistemas para el oportunismo de unos pocos. Se narran, por ejemplo en la actualidad,  historias como ser la del robot que canto su cumpleaños en un planeta lejano. Donde en medios y redes las personas expresan sus más profundos sentimientos de aflicción ante el sufrimiento en soledad de un mecanismo. La relación es: más empatía, más posibilidades de negocios que ocultan la injusticia de la deshumanización de los métodos de producción y servicios. Uno de los dogmas es: un robot, un mecanismo, es igual en valor a un ser humano. De esta manera les es posible encubrir el daño irreversible que se les hace a las vidas humanas marginadas y desplazadas, y a su entorno.

Pongámoslo en claro: el marketing y las argumentaciones muestran al robot como quien saca las posibilidades laborales. El verdadero actor y beneficiario, que es el empresario e inversor desliga su responsabilidad social y la posibilidad de que la sociedad tome acciones en contra de él. La quita de opciones laborales está vinculada directamente con la desnutrición, la muerte, la marginación, la falta de acceso a las necesidades básicas, etc. La pregunta es: ¿seguiremos deshumanizándonos aceptando que los mecanismos son los responsables de eliminar los puestos de trabajando y derechos laborales?. Qué tal si reflexionamos más allá de esta distopía: ¿Seguiremos avalando la fantasía de que los mecanismos robóticos son la evolución humana?  Este tipo de pensamientos son denigrantes. Se pone en un plano superior a los robots, olvidándose que la creación tiene el sello de su creador. Es decir la impronta de alguien que sirve solo al beneficio económico.

Acerca de Gustavo Reimondo 145 Artículos
Coordinador de Tecnología Humanizada. Coordinador del proyecto Realidad Empoderada. Un proyecto de realidad virtual para la concientización en una praxis solidaria. Miembro del grupo: "La familia de la calle", organización conformada por personas indigentes y no indigentes en una relación igualitaria. Experto en Robótica, Instrumentación & Control, IoT, Sensórica y sistemas microcontrolados. Experto en el proyecto, especificaciones técnicas y acompañamiento en obras de Infraestructura física de telecomunicaciones para varios continentes. Expresidente de la primera compañía SCM International, Inc. de productos por catálogo de habla hispana de robótica educativa, diseño electrónico, adquisición de datos, sensórica, internet de las cosas etc… Diseñador y programador de herramientas de simulación y adquisición de datos con PC. Desarrollo de múltiples productos electrónicos de baja escala dedicados a la medición, electricidad y sistemas de control de efectos.

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