México ferroviario
La línea ferroviaria en México ha sido un modelo de transporte histórico. Desde su innovación, con la llegada del presidente Porfirio Díaz, impulsó la transformación y conectividad de un país. Ya que, debido a las particularidades geográficas de México, se le ha denominado como la “máquina del progreso”, la cual acerca las regiones con el fin de cambiar las situaciones sociales, económicas y políticas.
Ahora, bajo el mando de la presidenta Claudia Sheinbaum, México, pretende recuperar su soberanía frente a la línea ferroviaria. Ya que, como recupera atinadamente el canal “La BaseLatam”, se pretenden realizar grandes construcciones en vías que conecten de México-Pachuca, la cual pasará por el reciente aeropuerto AIFA. Además, se pretende construir el Tren México-Querétaro y de Querétaro hasta Nuevo laredo. México – Guadalajara (pasando por León) y de Guadalajara hasta nogales. Y no solo eso, sino que también un tramo de vías que conecten México, Puebla y Veracruz.
Sin duda, la reconfiguración del territorio a través de la línea ferroviaria es un proyecto ambicioso, pero también uno que permitirá a los pasajeros recorrer grandes distancias en poco tiempo. Aunque ¿Por qué hasta ahora vuelve a proponerse este proyecto? Bueno, pues este trabajo no es innovación del partido morenista, pues, como ya se dijo, Porfirio Díaz fue quien impulsó este protocolo. El problema ocurrió cuando la línea ferroviaria estuvo en manos de la privatización: la mano neoliberal dentro de estas obras. Pues fue un proceso de saqueo increíble.
Los tiempos de viaje entre la periferia y la ciudad (lugar donde se desarrollan las mayores oportunidades de empleo), son el mayor problema con el que se enfrentan las personas provenientes de las afueras de la capital de México. Traslados de más de dos horas, si es que el trabajo no acaba por fatigar la vida que le queda a la población obrera, el tiempo y la distancia terminará por hacerlo. Por ello, los trenes, son una gran propuesta para disminuir estos largos recorridos y, además, existe la consideración ante la inmensa contaminación por los autos, la cual, los trenes, pueden ser una alternativa para reducir ese impacto ambiental.
Ante esto cabe preguntarnos lo siguiente: ¿Qué tan accesible será para la población mexicana? Pues hay que considerar el resiente aumento al precio del transporte público en el Estado de México, donde el pasaje mínimo subió de 12 a 14 pesos para los primeros cinco kilómetros (pero su propuesta original fue subirlo a 16 pesos), pero también consideremos que aumentará 25 centavos por cada kilómetro.
Por ahora resta creer en la palabra de quienes tienen el poder en México y que, gracias a la reforma ferroviaria, no puede regresar la privatización de estas mismas líneas de transporte con el fin de que la venta del trabajo de muchos sea solo para el de unos pocos. Siempre un país interconectado generará un progreso en el cultural, político y económico de una nación.
Argentina ferroviaria.
Ahora bien, en comparación con la Argentina, la privatización de la línea ferroviaria para el «progreso» ha marcado el marchitamiento de los ferrocarriles argentinos; la privatización sobre la configuración ferroviaria argentina, en lugar de ser un bien para la nación, solo se manejan por empresas exportadoras que trasladan materias primas. Las estaciones de pasajeros, lamentablemente, fueron desplazadas… El ferrocarril para ciudades como Patricios, formaba parte integra de la comunidad, ya que, el progreso y la prosperidad, gracias a este ingenioso transporte, era lo que mantenía viva una ciudad.
Conectar la oportunidad de tener un trabajo o de conectarse con la familia se convirtió en una necesidad para las familias… Con la privatización de los ferrocarriles en la década de los 90, la actividad en Patricios se paralizó por completo. Esto causó una caída del 90% de la población, quedando reducida a unos pocos cientos de habitantes. ¿El problema de esto? La macrocefalia, donde se prioriza la capital de una nación por encima de las periferias. No hay vida en lo que llaman su “hogar”, sino que se encuentra en las grandes ciudades, donde las oportunidades son para “todos”.
Comunidades de familias ferroviarias que pierden el trabajo, pero también, quienes pierden la vida. Ahora los talleres ferroviarios son solo chatarra, pues ramal que para ramal que cierra. La privatización de este importante medio de transporte (tanto para personas como para materias primas) son muestra de un país que no es pensado desde adentro, sino que mantiene su papel de colonia. El progreso no es para la nación ni para su pueblo, sino para los empresarios extranjeros, esto es: un saqueo consentido.
Lograron la desintegración de un país gracias a la privatización de las líneas ferroviarias que debilitaron las economías regionales. Los trenes que manejan las cargas solo son de ciertas empresas en específico. Una reconstrucción del tren que esté al servicio de los que viven en su territorio y no de empresas transnacionales. Argentina sufre de una “gran” transformación en su ramal ferroviario y hasta que no exista una reforma que retome la importancia de este medio transporte, solo estarán los restos sobre los cuales descansan las esperanzas de las comunidades para que el tren regrese en algún momento.
Por concluir, las ventajas de las líneas ferroviarias están en sus precios accesibles, la seguridad y comodidad del transporte e incluso, la oportunidad de empleos que genera para la población. Además, estas líneas de carga pueden transportar materiales peligrosos y evitar grandes emisiones de contaminación por el incremento de autos particulares. Argentina está contra las cuerdas, pero México no está exento, tiene que exigir que el proyecto de trenes no caiga en manos del neoliberalismo.
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