Mujeres en construcción, aprender embarrándose

El fin de semana nos encontramos en las cumbres de Neptunia, en el taller de Ambientación integral para aprender sobre bioconstrucción, con las manos y los pies en el barro. Allí conocí mujeres que construyen, que moldean las paredes y la vida. Sin duda, las mujeres hemos ganado terreno también en esta área, cada vez somos más las que queremos ser parte de la construcción de nuestro nido, de nuestro ambiente, de nuestra comunidad. Tuve la oportunidad de entrevistarme con algunas de ellas sobre los motivos que las llevan a querer aprender la técnica, además de reflexionar sobre las mujeres en construcción.

Cyntia Cabral tiene 29 años y vive en Minas donde le gustaría bio-construir su casita, su padre es albañil y aunque trabaja en la construcción tradicional, está dispuesto a ayudarla en su proyecto.

“El terreno es un lienzo en blanco para poder crear”

fue lo primero que comentó al respecto,

“es un despertar que me ha ido llegando por diferentes razones, la bioconstrucción si bien no fue lo primero que apareció en mi vida, viene de la mano de mi crecimiento personal (…) veo y siento a la bioconstrucción cómo parte de nosotros, del encuentro, del amor por la tierra, entender que somos tierra y la naturaleza nos da lo que necesitamos. Hoy Cyntia comienza a dibujar en su lienzo entendiendo que es posible y que somos muchas las que vamos por ese camino: “es increíble la presencia de la mujer en el mundo hoy y nuestro empoderamiento. Somos seres y entender que podemos tener protagonismo, formar parte, construir nuestra casa, tener la tierra también para nosotras es el camino.”

Por otro lado, Laura Castelucio tiene 37 años y vive en Jaureguiberry con su compañero desde hace algunos años, cuando decidieron abandonar la capital. Ella tiene experiencia en construcción tradicional, pero hacía tiempo que sentía la necesidad y la curiosidad de aprender a trabajar en barro. Al respecto nos cuenta:

“siempre me gustó la manualidad y todo lo que es naturaleza, incursioné en otras cosas cómo la madera, la pintura y otros talleres, pero construir la casa de barro, aunque es a futuro, es algo que venía postergando y ahora se dió.” En este momento Laura está proyectando reparar una casa en Rocha para poder usarla y compartirla, por esta razón decidió acceder al taller, capacitarse en bioconstrucción. “Creo que las mujeres tenemos una energía creadora que complementa y da un toque de creatividad fundamental para la construcción.”

Camilia Díaz tiene 19 años, vive en Solymar y estudia para ser docente de idioma español. Tiene un objetivo claro: bioconstruir su espacio, por esta razón decidió junto a su madre acceder al taller.

“Me trajo hasta aquí la necesidad de un espacio personal. Por cuestiones emocionales no estaba sintiendo mi casa, mi cuarto y entonces mi madre me propuso la idea de construir en el fondo de su casa una habitación. Elijo la bioconstrucción porque es dejar una huella en el planeta, creo que tengo una actitud pasiva ante la vida, no autoritaria, me surge querer respetar, respetar el espacio que se nos dió. En las casas de barro las paredes te hablan, pero también te escuchan, hay un ir y venir con el material, es otra conciencia (…) Yo estoy en la búsqueda personal de construirme a mí misma, dejarme baldear y permear por un material tan noble, eso me parece divino.” Hablamos con Camila sobre las mujeres en bioconstrucción, dónde cuenta sobre Laura, una mujer que se formó y trabaja en construcción: “es la única que conozco, y que sea sólo una mujer que conozco en el rubro, en 19 de años de vida me parece loquísimo. Creo que la construcción es el lugar de quien quiera construir, yo no dudo que los primeros ranchos en bioconstrucción tengan manos de mujeres”.

Viviana Listur tiene 58 años, vive en Solymar y es docente-tallerista de artes plásticas. Es además, la mamá de Camila. Cuenta que siempre le interesó la bioconstrucción, pero por diferentes motivos no se había acercado. En este momento le motiva ayudar a su hija a construir su espacio.

“Para mí la bioconstrucción tiene que ver con una forma de encarar la vida, de tener una actitud de respeto, de cuidado con la tierra, con los demás seres y con una misma también. A mí me parece que el capitalismo va a colapsar y que hay que buscar herramientas para vivir, esta forma es un camino. Yo creo que las generaciones que vienen tienen que saber, aprender estos conocimientos, volver al origen, saber hacer su casa y no depender de nada.” A propósito reflexionamos acerca de lo económico que puede ser la bioconstrucción y sobre la cantidad de personas en situación de calle: “con palos, barro y otros materiales que están en la naturaleza uno se puede armar una pieza confortable, el tema es que se nos ha enajenado la forma de manejar nuestra propia vida, como que todo tiene que venir de un otro, pero tenemos que educarnos en la autogestión, es muy importante.”

Sobre las mujeres en construcción Viviana cuenta:

“me siento muy feliz de ver que realmente las mujeres hemos ganado espacio, cortando la dependencia, ganando autonomía y que no es que necesitamos al hombre como en el modelo burgués, patriarcal. Eso está cambiando muchísimo, ya no saben qué hacer con nosotras y eso me gusta porque se están transformando una cantidad de cosas. Aún hay mucho por hacer, todavía hay mucha violencia, pero estamos en el camino y aprender esta técnica de la bioconstrucción es un pasito más en nuestra autonomía.”

Valentina Almirón tiene 32 años, estudia ciencias sociales, es docente y vive en Montevideo. Al igual que Cyntia, su padre era albañil y cuenta que creció viéndolo construir, incluso la casa que habitaban.

“La bioconstrucción me interesa, porque en realidad me atraen las formas alternativas, también el hecho de poder lograr herramientas para la autonomía y no depender”. Valentina y su compañero comenzaron a ayudar a su cuñada a construir una cabaña y la participación en el taller tiene mucho que ver con compartir los conocimientos con ella y finalizar la construcción de la mejor manera. Sobre las mujeres en esta área, comenta: “creo que tradicionalmente es un lugar muy masculinizado, pero con los movimientos feministas que trabajan mucho lo cultural también, para deconstruir esos espacios y creo que de a poco se va ganando lugar. El año pasado tuve un grupo en la utu a una estudiante que milita en el Sunca, que trabaja hace unos años en la construcción y eso también me parece un indicio que de a poco se van generando espacios, es un camino super largo y por ahí vamos”.

Al igual que con ellas, compartimos el taller en un clima de mucho respeto, con otras compañeras y compañeros que tienen sus historias y sus motivos para la autoconstrucción.

Agradezco a Julio por la invitación a escribir, porque es una forma de registrar nuestras voces, expandirlas y no olvidarnos del camino. También agradezco a mi amiga Betta y su compañero Marcelo por abrir el espacio para el taller y permitir que la magia suceda.


Fuentes:

Fotos: cobertura colaborativa del taller de Ambientación integral

Acerca de Sofía Taranto 1 Article
Crecí en San Ramón (Canelones) y estudié en Facultad de Psicología de la Udelar. Actualmente vivo en Melilla, Montevideo rural donde generamos el espacio Charamusca para actividades sociales, culturales, artísticas, permaculturales. Me dedico con mi compañero Marcelo a trabajar la tierra, producir alimentos agroecológicos y medicina natural. Hace 5 años estoy en la comunicación alternativa y en este momento estoy en un proyecto de radio comunitaria Radio El Castillo en el Castillo Idiarte Borda (barrio Lezica, Montevideo).

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