Misiles, asesinato y amor al prójimo

Misiles, asesinato, y amor al prójimo
Diseñado por stockgiu (Freepik)

Palestina e Israel. ¿Palestina vs Israel? ¿Israel vs Palestina? ¿Por qué es diferente cómo nos planteamos esa pregunta? Hay mil maneras de interrogarse qué es lo que sucede en esa “guerra”, y por ahora vamos a llamarlo así, porque si bien hubo acciones injustificables de un grupo de personas de Palestina hacia un conjunto de personas en Israel, esto claramente va más allá de un conflicto entre partes.

Iré al punto que quiero desarrollar sin preámbulos.

La situación armamentística, completamente favorable para Israel con el apoyo de Estados Unidos, deja automáticamente al pueblo palestino ante una única posibilidad, la de la muerte, y con eso la extinción de este pueblo que fue arrastrado fuera de su hogar. 

Oppenheimer[1] lamentablemente no pudo evitar que su nuevo descubrimiento fuese usado para el mal, en vez de ser aplicado en pos de ayudar al mundo (siendo de todas maneras responsable de lo que sucedió y lo que sigue o seguirá sucediendo). Se convirtió así -el uso de nueva tecnología- en otro ejemplo de la utilización de los avances tecnológicos para fines que no hacen más que agrandar la marginación en un mundo decadente.

En relación a lo dicho, me gustaría mencionar una situación seguramente conocida por ustedes, los lectores. Me refiero al ataque a los vehículos del WCK(World Central Kitchen[2]) que dejó como resultado la muerte de siete personas, cada una de diferentes nacionalidades. ¿Qué hay que tener en cuenta sobre este hecho en particular? Veamos:

  • Las personas “fallecidas” (por no decir asesinadas) eran voluntarios del WCK que venían a cumplir con una de las misiones de la organización: llevar comida para el pueblo palestino.
  • Israel (y esto es extremadamente importante) tenía absoluto conocimiento de la ruta que iban a transitar estos tres vehículos y la fecha, sin mencionar que es (si es que lo sigue siendo) una zona neutral.
  • Es importante destacar que no es la primera vez que voluntarios y acompañantes terminan muertos o heridos al querer ayudar a cualquiera en la zona de conflicto, sin diferenciar por nacionalidad, etnia ni creencia (tómese como ejemplo el caso de los Cascos Azules[3]).

Ahora, ¿Por qué tiene tanta importancia esta clase de hechos? 

Desde el punto de vista de los que acompañan y ejercen ayuda voluntaria, las personas que van como respuesta a la necesidad de ayuda humanitaria, en su rol solidario terminan en medio de la “guerra” a veces aún más en desventaja que los atacados, en este caso, el pueblo palestino. Dicho de esta manera, puede generar controversia e incluso malinterpretarse. Para que se comprenda mejor, lo reformularé: en su accionar solidario, el voluntario y/o acompañante queda desprotegido, sin derechos que lo protejan, ni siquiera puede considerarse parte del grupo marginado que padece los ataques y la violencia, sea cual fuere la manera en que se ejerce esta última.

Esto se extiende a toda clase de conflictos, en todas partes del mundo, incluso aquí, en Argentina, donde Gustavo[4] acompaña a la familia de la calle, su familia no biológica, de corazón, promulgando amor y una relación horizontal, sin dominar ni oprimir como si fuese superior al otro. Pero, por supuesto, así también puede ver mejor las desigualdades y la marginación a la que la familia de la calle es sometida. Eso también es un conflicto, y tampoco es entre partes, sino hacia los más vulnerados, socavando sus posibilidades de integrarse a la sociedad y tener los mismos derechos y oportunidades que tenemos los más favorecidos.

Desde esta asociación tratamos de trabajar para transformar el mundo, cada unx desde distintas acciones diarias. Nadie nos obliga. Sabemos que hay que hacerlo de manera de poder generar nuevas alternativas, nuevas formas de vivir, y se hace en la praxis, así como lo hacen los voluntarios que acceden a llevar comida a un pueblo al que se le niega el acceso a lo básico para sobrevivir.

Al releer una y otra vez las noticias sobre el tema que nos concierne aquí, además de intercambios con un amigo bien informado sobre los hechos, caí en la cuenta de lo que estaba detrás de estos ataques. Por muy obvio que pueda ser para algunos, no lo fue para mí.

Las fuerzas militares israelíes, y sus autoridades, por sobre todo se han dedicado estos últimos meses a evitar que llegue alimento a lo que queda de Palestina. Lo que entendí, y fue muy importante para mi percepción de los hechos, fue la manera en que lo han hecho: el miedo

Pensémoslo un momento: nuestros compañeros van a dejar alimento en una zona neutral, para que los palestinos, hambrientos y sin entrada alternativa de alimentos, puedan subsistir. Luego de dejar el alimento, apenas comienzan a salir de la zona, tres cohetes perfectamente coordinados impactan a los tres vehículos donde se encontraban los siete voluntarios. La respuesta a esto de parte de las organizaciones de ayuda humanitaria es, sin lugar a duda, detener esta ayuda. ¿Por qué? No se sienten seguros (y con razón) sabiendo que por más organizado que sea el viaje y otorgándole toda la información a Israel de su recorrido para llegar a destino, pueden terminar muertos. No hay manera de protegerlos, y así se instala el miedo. Este miedo genera que Israel siga con la masacre de una forma distinta al uso de armas: el hambre. Cientos mueren de hambre, por no decir miles, y así logran el objetivo de extinguir al pueblo que ocupaba esas tierras, el pueblo palestino.

Podrían convivir, podrían dialogar, podrían encontrar mil maneras distintas de relacionarse y hacer las paces. Sin embargo, la Israel dirigida por Netanyahu procede con fuertes tendencias violentas, obligando a gente de variedad de edades a ser parte de un ejército que poco y nada tiene para ofrecer como agente de paz. Es importante destacar que Netanyahu no actúa solo, sino que gran responsabilidad por lo que sucede recae en las grandes potencias (y en aquellos que están a favor de lo que sucede) que avalan su accionar por sus propios intereses políticos y económicos, o, incluso, religiosos.

No nos olvidemos de que una enorme parte del pueblo israelí está en contra del accionar del actual primer ministro, incluso han habido marchas en reclamo de un alto al fuego y de que rescinda de su cargo.

El pueblo israelí también sufrió las consecuencias del conflicto, como, por mencionar uno solo de tantos ejemplos, los secuestros ejecutados por Hamás. Al fin y al cabo, si bien Palestina lo sufre en mucha mayor medida y en plena desventaja, ambos pueblos están sufriendo, ambos tienen miedo, ambos merecen que esta disputa termine de una vez por todas.

En conclusión, un genocidio que se justifica a través de las escrituras corrompe todo lo que Dios quiere realmente para nosotros: amarlo a Él y, no menos importante, amar al prójimo.

Que la tierra sea de todos y nos ayudemos mutuamente a mejorar el mundo.


Fuentes:

[1]  Robert Oppenheimer fue un científico y profesor, considerado “padre de la bomba atómica” y destacado participante del Proyecto Manhattan. Más información: https://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Oppenheimer

[2]  Conocé más del proyecto WCK aquí: https://wck.org/

[3]  Los cascos azules son agentes militares de la ONU encargados de asegurar el alto al fuego y mantener la paz en áreas de conflicto. Más información: https://es.wikipedia.org/wiki/Fuerzas_de_paz_de_las_Naciones_Unidas

[4]  Conocé sobre Gustavo y su proyecto de empoderamiento solidario: https://realidadempoderada.com/es/realidad-empoderada-en-el-programa-de-radio-de-la-universidad-de-cundinamarca/teoria/

Acerca de Milena Guillermina Lingua Dahan 2 Artículos
Voluntaria en Realidad Empoderada. Amante de los animales y escritora apacionada. Justicia social como meta

Sé el primero en comentar

Dejá un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*