La tecnología y las ganancias al servicio de los exclusivos. Marginación para los otros

Ilustración por Solange Rosales Cartier

Estar quebrado por dentro.

¿En qué mundo vivimos? Si deseamos analizar, en principio, nuestras vidas, debemos tener en cuenta el afuera, porque nuestra vida no depende exclusivamente de nuestro interior. Somos lo que comemos, lo que percibimos, lo que bebemos; somos nuestros vínculos sociales, lo que amamos o nos hacen amar y muchas cosas más, que nos condicionan. Hay algo que se aprende claramente en la praxis social: Querer no es poder. Todas las personas tenemos esperanza, aunque a veces esta llega a oprimirse de manera tal que parece no existir. Está cubierta por una serie de negaciones por la incapacidad de poder vernos en otra realidad o situación, o por el miedo en sí mismo a enfrentar las nuevas situaciones o realidades en las cuales nos situé. Ese miedo paraliza, nos quiebra por dentro, se tiene miedo a dar un paso en cualquier dirección. Lo seguro pasa a ser el presente y aquello que por dañino que podría ser, nos mantiene seguros. De continuar así, la persona, cada vez se debilita más en lo psicológico y lo físico. Ni siquiera por voluntad propia, sino como consecuencia de dicho estado. Deja de ser actor de su vida.

Podemos decir: “Yo soy distinto; a mí no me pasa, yo trabajo y obtengo yo mismo lo que necesito. Yo soy exitoso” ¿Habría que preguntarse si será acaso, que, de la misma manera, la persona que está tan quebrada por dentro e inmovilizada, tenemos miedo a ver otra situación posible? ¿Vernos y sentir la realidad del otro? Ser conscientes que hay algo que nos pone en esa misma situación, reconocer que independientemente de nuestro esfuerzo, somos condicionados por lo externo.

Del exterior obtenemos las necesidades básicas tan esenciales provistas por las bondades de la naturaleza o de las relaciones de las demás personas. Dichas relaciones pueden ser opresoras y deshumanizantes, donde las personas no somos vistos como cuerpos íntegros espirituales y corpóreos, sino solo como mecanismos o como carne para ser consumida por el trabajo esclavo. Vida para ser deglutida. Quienes estamos acomodados, cómodos, y ciertamente seguros de las relaciones con los grupos exclusivos de dominación y poder, nos negamos a vernos en el lugar de quienes no tienen estas exclusividades. Aquellos a quienes las condiciones, conspiraron en contra de su historia personal, étnica, de pertenencia, cultural, solidaria o ancestral. Dichas condiciones pueden ser naturales y/o sociales. Dentro de las sociales podríamos encontrar su causante en el sector del poder y la cultura opresora.

Los empresarios como reyes y el vasallaje.

Si, bien las nuevas formas de explotación y producción han cambiado, en lo que respecta a determinados aspectos de privilegios, estatus, beneficios y jerarquías, no hemos salido del feudalismo en su completitud. Más bien, es como que ha mutado. Ha cambiado de forma, a través de la acumulación de capital, los reyes y emperadores exitosos son ungidos por derecho propio y gracias a su supuesto esfuerzo personal. Procesos distintos, el medieval del moderno, pero con beneficios equivalentes para aquel que ahora se encuentra en una nueva posición dominante. En las empresas familiares inclusive se unge a un hijo para continuar con el mando. Las corporaciones forman grandes feudos y mientras están exigen y cooptan a trabajadores fieles, les ofrecen cubrir sus necesidades en función de obtener una lealtad. Una especie de juramento implícito. Hoy día esto se ha perfeccionado y los grupos de inversión o financieros pueden manejar y crear grupos de empresas financieras. Allí inclusive los empleados fieles pueden cambiar de empresas y roles para obtener los beneficios.

Creemos que hemos dejado atrás los feudos, cuando, más bien, se han internacionalizado dentro de nuestra supuesta fantástica modernidad, mantiene su estructura por medio del capitalismo y el colonialismo, sin dejar de ser una derivación del patronazgo y el patriarcado.

La sensación de pureza del emprendedor capitalista le distancia de todo lo que contamine sus ideales, y, sobre todo, en su conveniencia, no acepta que el estatus obtenido proviene de los sectores que él desprecia, o no acepta como sus verdaderos colaboradores, sea el estado, los educadores, los trabajadores y los sectores han caído en la marginación como consecuencia de las actitudes de la sociedad.

Hay que tener presente que status, método de producción y acumulación están ligados entre sí y no están disociados.

La educación, los medios y las aspiraciones

La estructura de poder que, a partir de determinados sistemas de control, mantiene su coerción basada principalmente en el capital, los medios, las técnicas de mercadeo, la lealtad de los beneficiados, inclusive los sectores afines de las artes y la literatura, etc.…

La educación y la formación profesional para la optimización de las ganancias es el dogma a estudiar. Un dogma que aprieta tanto como también se oculta detrás de un telón. Actúa como un atenuador de la conciencia hasta callarla y deshumanizarnos. Los súbditos de los nuevos señores feudales se ven ligados en un juramento de lealtad y a las nuevas hazañas caballerescas, la optimización de las ganancias de su supuesto soberano.

Las técnicas de mercadeo, tanto sea de adeptos a los intereses de los grupos de poder tecnocráticos, como los de sus adeptos, o también porque no, personalidades ingenuas, establecen frases y pensamientos cortos de índole fundamentalista. Los mensajes son concisos y buscan anular todo pensamiento sistémico y crítico que contemple las injusticias. Estos justifican el uso de automatismos, en especial, hoy día, de robots con todas sus variantes con la finalidad de aumentar las ganancias. A su vez, los conformadores de este tipo de mercados generan marcos que estimulan una falsa libertad o progreso a aquellas personas que poseen la capacidad de creatividad o de enfocar un esfuerzo propio a auto explotarse, generando soluciones de bajo costo que son aprovechadas por los dueños del mercado rentable.

Ciertos trabajadores ya no son útiles, es caro mantenerlos, es tedioso en un mundo que debe ser de felicidad y júbilo, de posesión superflua, para que tener conflictos si los trabajos de la base pueden ser automatizados. Para que necesitarlos. Para que mirarlos. Para que el trato humano, el de sentir al otro, esa interacción de los cuerpos que nos caracteriza como humanos, sensibles y sociales.

La avivada de quienes nos ven como ingenuos.

Inversores, tecnócratas y sus adherentes, a través de las estrategias y técnicas de mercado, trabajan en forma conjunta bombardeando y saturando nuestra consciencia.  Ya estamos tan acostumbrados a ello, que ni lo percibimos. Creemos inclusive que es una actitud desinteresada y hasta educativa. Acostumbrados a lo que Paulo Freire puso al descubierto, la llamada educación bancaria, en la cual quien se cree dueño de un conocimiento deposita su ideología e intelecto en los receptores, sin haber un desarrollo colectivo y donde cada actor (educador y educando) tenga un intercambio de ida y vuelta basado en la construcción de sus historias. En la mayoría de los casos, las ideas que se transmiten no poseen ningún contacto sensible. Un palpar la realidad de la humanidad toda. Esa ideología tiene un gran cuchillo que desgarra y aparta para esconder y marginar.

Las propagandas, las exposiciones desde los estrados, los sabelotodos o gurúes, las publicidades en los dispositivos, las escuelas, universidades… es toda una cadena de conveniencias. Se construyen y gritan a viva voz frases y conceptos que justifican el uso de automatismos (de apariencia estética humana o de mecanismos tradicionales). Así mismo, la literatura y el arte del cine son utilizados para fijar en nuestros pensamientos los las siguientes afirmaciones y trampas, por supuesto habiendo excepciones:

  • El robot es ingenuo.
  • La creación androide es pura.
  • Es contenedora de bondad.
  • Separa generalmente, a su creador del marco de su creación.
  • Se crea una génesis de los robots como si estos mecanismos complejos fueran humanos.
  • Se transmite la conveniente idea de que el robot es quien hace, no su dueño.
  • Es el trabajador ideal.

Podría encontrar más, pero creo estas como suficientes. Introducidos estos mensajes en nuestra razón, los buscamos y usamos como justificativos por ser respuestas que, aunque injustas o limitadas, las encontramos próximas o fáciles de hallar. Asumiéndolas, creemos ser parte de los buenos y de quienes tienen buenas virtudes. Utilizamos una y otra vez los mensajes que nos han implantado. Una y otra vez queremos pertenecer a aquellos que se consideran exclusivos y virtuosos. El marketing anula el pensamiento crítico. Nos adormece, nos inmoviliza a tomar acciones justas.

Nos dicen: “¡Vamos a modernizar!, a ser más eficientes, vamos a robotizar”. ¿Qué viene a nuestra mente?


Fuentes:

P.Freire, “Pedagogía del oprimido”.
G. Reimondo, “-Mi dueño quiere eficiencia, discúlpame-. Crítica al uso no responsable de la tecnología en sus aspectos sociales”. Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA N.º 2, Año 2021.

Acerca de Gustavo Reimondo 108 Articles
Coordinador de Tecnología Humanizada. Coordinador del proyecto Realidad Empoderada. Un proyecto de realidad virtual para la concientización en una praxis solidaria. Miembro del grupo: "La familia de la calle", organización conformada por personas indigentes y no indigentes en una relación igualitaria. Coordinador de proyectos de Infraestructura Física de Telecomunicaciones. Experto en Robótica, Instrumentación & Control, IoT, Sensórica y sistemas microcontrolados.

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