¿Institución educativa o industria educativa?

Una perspectiva desde México a latinoamérica

declaraciones del CEO de meta, Mark Zuckerberg

Tras las declaraciones del CEO de meta, Mark Zuckerberg, en abril de 2025 durante una entrevista en el podcast This Past Weekend con Theo Von, sobre la situación en la enseñanza a nivel superior en que se encuentra la población estadounidense, señaló que “la universidad es muy cara para muchas personas y luego te gradúas y estás endeudado”[1], además, considera que «tendrá que haber un ajuste de cuentas… y la gente tendrá que determinar si eso tiene sentido. Ha sido una especie de tabú decir: ‘Quizás no todos necesiten ir a la universidad’, porque hay muchos trabajos que no lo requieren… La gente probablemente esté adoptando esa opinión un poco más ahora que hace unos 10 años»[2].

Estas declaraciones nos llevan a reflexionar sobre la credibilidad que tienen las instituciones académicas universitarias, ante la garantía de ofrecer a sus egresados una amplia, extensa, pero, sobre todo, una “jugosa” oferta en el campo laboral acompañada de un cambio en la calidad de su vida. Aunque Mark Zuckerberg se refería al sistema estadounidense, sus palabras evidencian una tendencia global: la educación superior ya no garantiza automáticamente una vida digna. Esta advertencia adquiere especial relevancia si miramos las universidades públicas, pues más que ser instituciones, se han convertido en industrias.

Cabe aclarar que por “institución” lo entiendo como un orden social que orienta prácticas y valores hacia el bien común (dirigidas hacia la integración de las minorías en un mundo compartido), además, por “industria” lo comprendo como un sistema de producción orientado a la eficiencia, la competencia y el rendimiento económico. Esta reflexión no sólo concierne a las instituciones académicas privadas. En esta nota sostengo que las universidades públicas han incorporado de manera creciente lógicas industriales que transforman su misión social.

Consecuencias de las palabras de Zuckerberg, la “industria académica” ha dificultado que el acceso a la educación superior pública sea laica y gratuita, pero que, además, garanticen las condiciones suficientes para que los alumnos no deserten e incluso, concluyan sus estudios sin mayores dificultades. Esto debido a que, si bien puede existir un gran número en la matricula dentro de las universidades públicas, las políticas de evaluación, becas, financiamientos, entre otras; solo pueden favorecer a quienes ya cuentan con un capital económico “estable” pero también con quienes poseen un capital cultural.

Consecuencia de esta última incidencia es la relegación de las personas que no pueden sobresalir bajo estas condiciones de una “industria” académica, en donde los valores y el compromiso social ya no son lo que importa, sino la adopción de criterios de mercado (eficiencia, competitividad y rentabilidad) que ignoran los problemas locales de la comunidad estudiantil.

La institución académica pública pierde su papel como aquel espacio en el que existe un orden social orientado al bien común, capaz de integrar a los relegados en un mundo compartido. Y esto es visible con los hechos ocurridos en los últimos meses en la UNAM[3]. Estos sucesos son las consecuencias de relegar la importancia social por un formato industrial en el que la competitividad y la producción están por encima de la humanidad.

Estas prácticas afectan de manera significativa los vínculos con los otros. No es novedad que gracias a la industria educativa su relación con los sectores históricamente excluidos se redefinen. Los pobres, indígenas, afrodescendientes o migrantes dejan de ser el centro de su misión emancipadora para convertirse en “usuarios” o “clientes”, confirmando la crítica de la filosofía de la liberación: el sistema absorbe a los otros sin reconocer su exterioridad.

Si bien Zuckerberg menciona que “quizás no todos necesiten ir a la universidad, porque hay muchos trabajos que no lo requieren…” El análisis que debemos de hacer ante esta declaración es que, estos “trabajos”, no cumplen con las condiciones mínimas para garantizar el buen vivir dentro de una comunidad. Pues el salario mínimo es para que solo la población trabajadora sobreviva. Además, los relegados son quienes ni siquiera tienen opción en el mercado.

Por concluir, las minorías son quienes no son vistas dentro de industrias educativas y laborales en las que su lógica es la eficiencia, competitividad y rentabilidad. Decir que todo es mercado (como la afirman las declaraciones de Zuckerberg) es una suposición ingenua, ya que, si bien nos movemos dentro de un modelo en el que es necesario comerciar, también es preciso poner en práctica la lógica de las instituciones dentro de las industrias, es decir, ser capaz de generar un orden social orientado al bien común, capaz de integrar a los relegados en un mundo compartido. Es importante no entregarnos a la lógica de la industria para sacar ventaja, competir y lucrar; pues el trabajo social es una alternativa para hacer de lo que parece “industria” una institución capaz de construir un mundo común a todos.


Fuentes:

EdexLive, (‘…you graduate, and you are in debt’: Mark Zuckerberg questions value of college education on podcast) EdexLive online, 28 de septiembre, https://www.edexlive.com/news/2025/Apr/30/you-graduate-and-you-are-in-debt-mark-zuckerberg-questions-value-of-college-education-on-podcast?utm_source=chatgpt.com

[1] EdexLive, (‘…you graduate, and you are in debt’: Mark Zuckerberg questions value of college education on podcast) EdexLive online, 28 de septiembre, https://www.edexlive.com/news/2025/Apr/30/you-graduate-and-you-are-in-debt-mark-zuckerberg-questions-value-of-college-education-on-podcast?utm_source=chatgpt.com

[2] EdexLive, (‘…you graduate, and you are in debt’: Mark Zuckerberg questions value of college education on podcast) EdexLive online, 28 de septiembre, https://www.edexlive.com/news/2025/Apr/30/you-graduate-and-you-are-in-debt-mark-zuckerberg-questions-value-of-college-education-on-podcast?utm_source=chatgpt.com

[3] El atentado en el que un alumno de CCH Sur, asesino a otro compañero dentro de la misma institución; además, del caso de un alumno de la facultad de Arquitectura que se suicidó por la alta presión “académica”.

Acerca de Cristian Hernandez Olvera 5 Artículos
Mi nombre es Cristian, actualmente soy estudiante de filosofía y poseo una fuerte convicción: hacer de nuestra realidad un mundo donde la justicia y el amor sean los valores que predominen. La búsqueda por el bien es la única tarea que tengo en mente por realizar y, hasta que no vea ese sueño realizado, dedicaré mi vida para crear las condiciones y espacios de igualdad. Un mundo mejor si es posible.

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