Empresa con espíritu de Fábrica

Esta es la historia de una Pyme familiar que creció en el desarrollo de un producto tan básico como las pastas secas.

En Argentina debe haber pocos mercados tan tradicionalistas como este. Quitando las grandes empresas que compiten en este sector, las pymes de pastas cuentan con historias similares. Hoy se las puede ver como un cementerio de esplendor, son Dinosaurios apagados, entre escritorios y ficheros de más de 40 años. Se les nota su pasado glorioso que contrasta con un triste presente.

En nuestro caso Monte Lirio fue fundada en 1977 no por empresarios, sino por emprendedores, dos grandes personas, Jorge Márquez y Carlos Petraglia, que con mucho entusiasmo, compromiso y visión, eligieron las pastas secas como la excusa para hacerse amigos de clientes y crear un producto que responda a la mejor calidad que se les pueda dar.

Durante mucho tiempo estos comienzos dieron muy buenos frutos, los clientes venían a comer a la casa de los fundadores, compartían recomendaciones de médicos, y hasta se ayudaban económicamente por fuera de los negocios de la Empresa. Pero a medida que la Fábrica (aún sigue siendo fábrica y no empresa) necesitó crecer, cada vez fue más difícil sostener tantos vínculos. La cosa comenzó a cambiar.

Las dificultades para no perder la esencia con la que fue creada la fábrica en un contexto de necesidad de crecimiento comenzó a ser el camino de deterioro de cualquier pyme fideera. Comenzaba a perderse el control del propósito por el que había sido fundada.

Entonces entró la tecnología, discutida, forzada, incómoda, rompió con todos los esquemas. La necesitábamos, pero perdíamos la esencia. Así fue como comenzamos nuestro camino de conciliación entre ambas, una especie de traductor entre generaciones, transformando el idioma lógico de programación con las emociones que nos gobiernan.

Comenzamos a utilizar una Inteligencia de negocio para analizar el camino de la empresa, para llegar a la misma cuenta de siempre. Controlamos los niveles de rendimiento productivo y administrativo, pero nos sentamos con cada persona del equipo a hablar sobre cualquier problema personal que lo aqueja. Utilizamos un Gerente de relación con los clientes para atender a nuestros clientes, pero seguimos visitándolos personalmente cuando vamos a sus ciudades. Estamos montados en la nube, pero nos seguimos encontrando en nuestras oficinas. Porque en esta fábrica, la frialdad descarnada de la realidad, la impone la tecnología, para poder entender rápidamente que nos está pasando. Pero los vínculos, las emociones, aún priman sobre cualquier realidad. Porque somos humanos, porque nos mueven las emociones, porque la tecnología aún no logra interpretar, porque esta fábrica fue fundada para relacionarse con personas.

Federico Petraglia
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Ingeniero en Alimentos. Presidente de Monte Lirio fabrica de pastas secas.

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