Dicen que los robots cambiarían la forma en que comemos. También quienes podrán comer. (Segunda parte)

En la nota anterior desarrollamos reflexiones sobre la amenaza los sectores laborales de servicios de mesa (mozos) y cocineros debido a la deshumanización ocasionada por el beneficio económico del empresariado.

Al culminar el artículo, desde una perspectiva ancestral y antropológica del valor de la preparación de la comida y los banquetes comunitarios, me hice una serie de preguntas. Estas cuestionan a la tecnocracia y el mercado desde el subconsciente colectivo relacionado con  la comida en común. Es un error ver las reuniones alrededor de la comida como un hecho exclusivamente fisiológico. La comida no solo reúne y fraterniza a los núcleos sociales, también que da un sentido de proyección comunitaria y en ciertos aspectos con una continuidad entre el pasado y futuro. Cuando hablamos de estas dos referencias temporales, tampoco no es cuestión de situar un tiempo, sino una persistencia de una historia comunitaria pasada y su proyección hacía la continuidad de los proyectos y esperanzas colectivas.

En las culturas indígenas muchas comidas rituales se comparten no solo con hombres. También con entidades y celebridades del pasado. Esto reivindica la necesidad de los nutrientes básicos para el ser humano, prolongando su necesidad inclusive a los que podríamos denominar espíritus. Al comer en conjunto, se produce un reconocimiento de una historia en común, una manera de vida y su asociación no solo en el campo del espiritual, de las ideas o la razón sino también de la materialidad. En muchas de las etnias indígenas se asocia al maíz  con la vida misma de las personas simbolizando la saciedad de las necesidades y deseos. El alimentarse y sociabilizar a los hombres y mujeres, sus deidades y referentes pasados, pone a un mismo nivel jerárquico a todos estos, poniendo en diálogo el pasado y el presente, como en una gran asamblea en la cual se comparte y reconoce la importancia y centralidad de la nutrición para mantener la vida plena. La preparación de los alimentos, su disposición son realizados por aquellos que poseen un mayor compromiso, rol o relación con el motivo del banquete, de su cultura y guía en un camino comunitario.

En la historia hebrea ancestral las comidas comunitarias de paz los alimentos ofrecidos en común son parte dadas a dios al ser quemadas, el resto para aquel que  prepara la comida y tiene como rol el cuidado de la espiritualidad y los intereses comunitarios; y lo restante para ser compartido comunitariamente. Las partes están bien definidas. Hay un respeto y sacralidad al proyecto y utopía comunitaria, a su vez resguarda la alimentación de aquellos que en el pueblo se ocupan de mantener dichos valores y por último en un mismo acto, no como algo separado, la comida en todos y todas.

La comida en común es parte necesaria y su vez conformadora de toda utopía que busque justicia e inclusión de todos los sectores.

En el cristianismo si bien hay disputa entre la comida ritual y la comida comunitaria. Vale la pena citar:

“El segundo elemento de la Tradición de la cena en Común es del mismo modo importante. Es al mismo tiempo una comida verdadera y una comida compartida. Hay un énfasis no solamente en el pan, como símbolo del compartir. El pan no está simplemente allí, sobre la mesa. Se rompe y se lo va pasando a todos los que participan. Del mismo modo, el acento no está puesto en el vino sino en la copa, para mi esta es otra manera de subrayar la acción de compartir, dado que la copa es el objeto que puede circular entre los comensales. No es que hay vino, simplemente. Todos deben beberlo de una misma copa.”, El nacimiento del Cristianismo, qué pasó en los años posteriores a la crucifixión de Jesús de John Domminic Crossan.

La comida común simboliza la unidad y la distribución de las necesidades básicas, donde cada uno es actor de esta. No un espectador. Cada uno sirve y es servido en busca de una utopía de un igualitarismo radical. No entraremos en más detalles de cómo llegar a estas afirmaciones dado que deberíamos hacer un desarrollo de la comensalía abierta y el banquete como representación de la sociedad planteada por Jesús.

Podemos viajar más adelante en el tiempo, dar el ejemplo de la utopía pirata, la de los oprimidos y esclavizados en el mar. En la guerra Barbanegra y su tripulación contra el imperio colonialista británico, la piratería reconocía a los demás marineros, independientemente de donde fueran forzados a cumplir sus roles, como pares. Se reconocían como oprimidos por el mismo poder y víctimas del mismo sistema. Son notables actitudes como esta:

“Los infortunados obedecieron las órdenes, distribuyéndose por la cubierta en medio de una multitud de hombres armados. Knight contó un tiempo más tarde que “cuando subimos a bordo, las primeras palabras que nos dijeron fueron que éramos bienvenidos a bordo de los piratas”(esto es, de su barco).
Durante las horas siguientes, Knight y sus hombres estuvieron aterrorizados y confundidos. Primero los hombres de Bonnet los invitaron a comer…
… Cuando estuvieron lo bastante cerca, desde el barco lo saludaron con el mismo mensaje de antes: “Bienvenidos a bordo del Pirata”.
Una vez que estuvieron en al cubierta del Queen Anne´s Revenge, el grupo de Knight recibió otra invitación para sentarse a la mesa” del libro. “La república de los piratas” de Colin Woodard

Lo que podemos observar de estas citas, relatos y sus contextos es que el ser humano da al banquete como raíz de su experiencia, una connotación que vincula y proyecta un pasado, presente y futuro en común. Un porvenir que contempla la saciedad. Esta satisfacción incluye todos los anhelos que los comensales tienen en común. La liberación de los yugos, la mantención de las necesidades básicas, la continuidad de una historia pasada en pos de una subsistencia.

Alrededor del banquete aparecen diferentes actores, los que lo preparan, los que lo organizan, le dan un sentido propio de la comunidad y los que sirven. Podríamos decir que cada uno tiene un rol. Hay quienes conforman el banquete como un acto liberador y representativo de una justicia más allá de lo individual. Si nos centramos en este punto y convertimos a la comida como un acto mecanicista, donde los mecanismos cubren los roles sociales y culturales, estaremos proyectando al hombre como a una máquina, no como un ser humano. Al hacerlo, es claro que existe una intencionalidad de omitir el carácter liberador, dejando en un espacio disfuncional el compartir, el preparar, el hacer por los otros, el servirse el uno a los otros, el proyectar desde la elaboración la saciedad en común. Esta mecanización pone como actor liberador, a una máquina. En esa ideología, el hombre no tiene lugar como liberador liberado. Ya no se ve como actor, sino que sede esa capacidad a una máquina. Se castra así mismo, en sus deseos de ser actor de su saciedad y plenitud. El hombre solo se convierte en un consumidor.

Nada de esto nos llega hoy día a asombrar, cuando la industria de la ciencia ficción y el cine se ocupan de poner en los roles de liberadores, ejecutores, sobrevivientes a robots o inteligencias artificiales. Pareciera ser que se impone el  sinsentido de que el ser humano se libera por medio de su creación, la cual se ve delimitada por este mismo. Prácticamente podríamos definirlo como una distopía. Llegamos hoy día al leer y escuchar proclamas donde se consideran a los mecanismos como una evolución de la humanidad. Ideológicamente, desde el fundamentalismo tecnocrático, se pretende sostener la pureza de estos mecanismos como única opción a una humanidad superior y no conflictiva con el medio ambiente.

En ese marco, donde el ser humano es prescindible en nombre de una supuesta evolución, se justifica la negación deliberada al acceso a las necesidades básicas de los sectores que requieren del sustento por medio de un trabajo digno. En este mundo, en el que vivimos, el progreso y las posibilidades de subsistencia están ligadas a un trabajo decente. Negado este, no hay opción en el mundo en que vivimos.

Ven siéntate a la mesa y come con tus compañeros.

 

(*) La palabra compañero viene del latín y deriva de «comedere» (ver: comer) y «panis» (pan) en relación de «comer del mismo pan». Las palabras «acompañar» y «compañía» tienen esa misma raíz. … Compañero es aquel que comparte habitualmente el pan, y si comparte el pan, comparte la vida, la conversación, los desafíos. Fuente: http://etimologias.dechile.net


Fuentes:

https://www.gotquestions.org/Espanol/sacrificios-antiguo-testamento.html
https://ar.lejister.com/articulos.php?Hash=3d20841d58071ff9ab4bf1d925aa32df&control_news=57e8229bef96defa86029c8d4397a597
https://www.nexocristiano.com/2017/12/comer-y-beber-en-la-palestina-de-los_21.html

Acerca de Gustavo Reimondo 91 Artículos
Coordinador de Tecnología Humanizada. Coordinador del proyecto Realidad Empoderada. Un proyecto de realidad virtual para la concientización en una praxis solidaria. Miembro del grupo: "La familia de la calle", organización conformada por personas indigentes y no indigentes en una relación igualitaria. Coordinador de proyectos de Infraestructura Física de Telecomunicaciones. Experto en Robótica, Instrumentación & Control, IoT, Sensórica y sistemas microcontrolados.

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