Contenedores soterrados. Los errores de diseño

  • ¿A quién le gusta sentir olor a basura en las veredas de su barrio?
  • A nadie.
  • ¿A quién le gusta que le prohíban alcanzar a aquello que le da el sustento para vivir?
  • ¡A nadie!

Dos valuaciones muy diferentes y que se construyen en dos realidades distintas. Une a los habitantes que tienen emprendimientos comerciales o viviendas cerca de un contenedor. Esto considerando que el único diseño existente son los existentes o los que están instalados mayormente en las ciudades como puede ser Córdoba o Buenos Aires, Argentina. Sin embargo, el principal causante del olor podemos vincularlo a la falta de recolección y/o al diseño del sistema.

Como sabemos, existe el reciclaje de basura realizado por personas indigentes o en marginación. Si bien, muchos gobiernos han tratado de formalizarlo por diferentes motivos, esta no es de implementación masiva. No es posible. Más todavía cuando la población que se ve obligada a tener un ingreso por medio de la clasificación de la basura está en aumento.

Sabemos que a nadie le gusta vivir de la clasificación de basura, más todavía en condiciones no adecuadas, ni con un equipamiento que, a nivel personal, es difícil de obtener o no se está preparado para adquirirlo por diferentes razones.

Podemos opinar desde la tribuna de las utopías y los mundos perfectos que, inconscientemente, pensamos están establecidos y en vigencia. Pero sabemos que ocultar la realidad, no decirla, significa justificar injusticias. Sobre todo, cuando se quitan derechos y visibilidad a otros seres humanos que no tienen opciones o se les impide el acceso a las existentes por medio de diferentes artilugios, conscientes o inconscientes.

-Hola vecino- decimos a aquella persona que consideramos de nuestro barrio y que posee interés de vida en común. Los establecidos para nuestros status. Nos saludamos todos los días, o los reconocemos como parte de nuestras vidas o de tener determinadas aspiraciones aceptables para nosotros y nuestro entorno. –Hola- le decimos a la empleada o el pequeño cuentapropista que acude al barrio. Pero hay unos vecinos y otras personas que viven en el barrio o acuden al mismo para lograr su subsistencia, que no son considerados vecinos. Incomodan a muchos. Ellos son las personas que viven en la calle, y los llamados cartoneros. Muy pocas personas les trata, y muchos menos comparte con ellos su vida como vecinos o amigos o amigas. Los demás no quieren involucrase. No dan lugar en su consciencia a realizar algún tipo de autocrítica o crítica social que le permita aproximarse amorosamente y revertir sus pensamientos estructurados y tendientes a mantener exclusiva la pertenencia a su grupo de intereses en común.

Esta injusticia social que describí anteriormente, incluye a todo tipo de personas, inclusive a aquellos que diseñan y producen productos y servicios para nuestra sociedad. Dicha producción está ligada también a campañas de aceptación social centradas desde una postura dominante y exclusivista. Hay que agradar a los posibles clientes, también influenciarles y hacerles sentir partícipes de un futuro que se vende como el mejor. Donde se salvan los buenos, los pocos, los que merecen salvarse. El mercado, su lógica y su espiritualidad, no tiene humanismo. No voy a repetir la conveniente palabra “invisibilidad”, vamos a decir una realidad: crea muerte y sufrimiento.

¿Cómo son los contenedores de basura soterrados?

Los que se diseñan e instalan, se basan simplemente en una parte visible sobre el nivel del suelo, con un ingreso para los residuos y plataforma. Por debajo de esta última, un recipiente que contiene la basura. No hay otros accesos. Se vacían con maquinaria especializada.

Los diseños existentes son deshumanizantes y opresores porque no se generan en la convivencia de los marginados, desde la realidad y un análisis sistemático del reciclador marginado y también del resto de la sociedad.

Los gobernantes cuidan a quienes le dan votos, los grupos marginados generalmente están indocumentados, o quebrados en sus guetos, ni tampoco pueden generar, por el momento, una opción para hacer un cambio político. Estas realidades impuestas dan un mensaje muy claro al mundo de los marginados: “aquí no accedes, aquí yo mando si vos sobrevivís o no”. ¿Acaso pensamos que, por ser marginados son infantiles, y deben pensar que si aparecen por allí “se los llevara el viejo de la bolsa”? Esto lo digo porque es común que muchas personas traten a las personas marginadas como deficientes mentales, inclusive entre voluntarios y empleados de ONGs. Está tan desvirtuada la relación con el marginado que este debe ser unos de los pocos escritos que denuncie lo inhumano y pésimo diseño de los llamados: “contenedores soterrados”. Hay que mantener la distancia de los dos mundos, el de los que creen ser doctos y los impuros o iletrados, exclusivos; y el de los que no tienen opción, es el pensamiento dominante.

¿Por qué se usa una palabra compleja?, pues no es más que para que todos no puedan saber de qué se trata, y no haya espacio a la crítica. No vaya a ser que se lo llame contenedor de residuos bajo tierra. No debería su creador, bajar al mundo al cual parece no quiere ver, ni percibir. El diseño habla por sí mismo, lo dice a gritos. Nos aturde.

¿Cómo hacemos que los sectores marginados dejen de serlo?

Con el modelo imperante, todos sabemos que ello no es posible, la marginación es producto de un sistema deshumanizado. Muchos piensan que las personas no deben trabajar del cartoneo, pero aunque lograran salir algunos de este trabajo, estos se integran al mismo sistema que generará marginación.  Por lo tanto, el cartoneo no desaparecerá porque sería injusto si la sociedad no brinda una solución inclusiva. Pese a ello, y con sus dogmas que amarran sus mentes y cuerpos, muchas personas pudientes creen vivir ya, la utopía que ellos idealizan. En dicho juego perverso de la vida, donde algunos parecen disfrutar y ser felices, y en que a otros que deben trabajar en la marginalidad se les veda el acceso a aquello que les permite generar sus ingresos.

Todo diseño opresor, no solo genera un daño operativo en la dinámica y subsistencia de quienes no son participes de su diseño, sino también daño psíquico para las personas en desventajas.

Un diseño mal hecho

Tomaremos como ejemplo los contenedores instalados en la Av. Maipú en la Ciudad de Córdoba, Argentina. El gobierno de dicha ciudad describe en su sitio web:

  • “En las veredas solo quedará visible una torre de entrada estilo “Diamond”, de tamaño reducido y una plataforma transitable que posibilitan un mejor aprovechamiento del espacio público.”
  • “Al mismo tiempo, una de las más importantes ventajas es que los Eco-contenedores tienen una mayor capacidad de almacenamiento (4 metros cúbicos), lo que concluye en más capacidad de acopio utilizando menor espacio a la vista.”
  • “Por debajo del nivel del suelo estará el contenedor de residuos de metal, una plataforma de seguridad con contrapeso para evitar filtraciones, una estructura de hormigón armado vibrado y un sistema de agarre.”

¿Qué podemos resaltar o resumir de las características tomadas cómo premisas, y nos motivan a calificar el diseño?

La torre es de estilo diamond, una palabra que no es del entorno propio local y menos aún de los sectores sociales involucrados. Denota la intensión clara de separarse de ellos. Generar una distancia a través de la jerarquización del lenguaje. Dicho distanciamiento tiene como función dar a entender una complejidad, dar un valor artificial al mecanismo y a su vez, a través de la supuesta complejidad, disminuir las posibilidades de crítica desde la cotidianidad.

Las expresiones remarcan que es posible pararse sobre la superficie del contenedor. Obviamente, no se trata de un área totalmente útil dado que el vaciado requiere que esté libre. La expresión da una sensación de liberar un espacio que podría estar restringido y se devuelve a la ciudadanía que parece necesitar caminar sobre esta, y no para recuperar residuos para su reciclado de manera autónoma por las personas que requieren de esta operatoria para su sustento. Lo ridículo es que, en general, los gobiernos como, por ejemplo, los de la Ciudad de Buenos Aires, persiguen sistemáticamente a aquellas personas que se congregan a trabajar en el reciclado, alrededor de la zona de recolección del producido para reciclaje.

Cómo es obvio, el acceso manual o por medio de un mecanismo sencillo al material a ser reciclado es imposible. Solo puede ser realizado por un camión con determinados automatismos.

¿Cuál es el error principal de diseño?

El mismo no está asociado a un proceso de transformación del diseñador o que se incluya en el diseño a personas idóneas en el reciclado del sector marginado. Todo diseño, para no ser opresor, requiere que el diseñador conviva con los sectores involucrados y oprimidos. Para ello este debe romper con sus estructuras y grupos de intereses en común y tener una relación real de afecto que le permita cambiar su punto de vista desde quienes requieren subsistir, en este caso, de la basura. Caso contario, no hay diseño efectivo y humanizado posible. Los contenedores instalados denotan un diseño sectario y generador de injusticia.

Muchas de las empresas fabricantes de contenedores de basura bajo tierra aseguran que devuelven una plusvalía a la ciudad. Obviamente, hablamos de quitar recursos accesibles a los sectores marginados, para ser ofrecidos a los sectores beneficiados.

Los sistemas deberían contemplar la posibilidad de que, de una manera segura y de simple acceso, los recicladores puedan realizar su trabajo en el lugar. Es conocida la falta de compromiso y la falta de búsqueda de soluciones responsables por parte de las empresas (una cierta vagancia de diseñadores y grupos inversores), más debe ser revertida.

La fiesta de los irresponsables, de los que elevan sus mesas por medio de la jerarquización, para no dejar accesible el pan y el progreso a quienes lo tienen, debe terminar.


Fuentes:

«Algoritmos no colonizadores. Una manera de desarrollar software multicultural (primera parte)» , Gustavo Reimondo, Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA núm 3 2020
«Algoritmos no colonizadores. Una manera de desarrollar software multicultural (segunda parte)» , Gustavo Reimondo, Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA núm 4 2020
«El diseño de servicios y productos como acción de transformación y de esperanza para otro mundo posible (Primera parte)» , Gustavo Reimondo, Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA núm 2 2021
«El diseño de servicios y productos como acción de transformación y de esperanza para otro mundo posible (Segunda parte)» , Gustavo Reimondo, Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA núm 3 2021
«El diseño de servicios y productos como acción de transformación y de esperanza para otro mundo posible (Tercera parte)» , Gustavo Reimondo, Revista TECNOLOGIA HUMANIZADA núm 4 2021
https://www.cordoba.gob.ar/colocan-los-primeros-contenedores-subterraneos-en-avenida-maipu/
https://infonegocios.info/ciudad-informa/colocan-los-primeros-contenedores-subterraneos-en-avenida-maipu

 

Acerca de Gustavo Reimondo 100 Articles
Coordinador de Tecnología Humanizada. Coordinador del proyecto Realidad Empoderada. Un proyecto de realidad virtual para la concientización en una praxis solidaria. Miembro del grupo: "La familia de la calle", organización conformada por personas indigentes y no indigentes en una relación igualitaria. Coordinador de proyectos de Infraestructura Física de Telecomunicaciones. Experto en Robótica, Instrumentación & Control, IoT, Sensórica y sistemas microcontrolados.

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