Apoderamiento cultural y trabajo social comunitario

Hoy día, se considera que el campo de la acción social tiene un valor laboral, de progreso profesional y de valorización del conocimiento asociado a este. Cuando las personas saben de mis vivencias con familias marginadas, sienten la necesidad de informarse, de capacitarse, de obtener ese conocimiento. Sin embargo, a la hora de llevarlo a una praxis, se niegan a ello. Se desea el conocimiento por su valor y demanda. Expresarse adecuadamente, aunque no exista una praxis o un sustento real, pone a la persona en una situación de éxito social.

Las palabras claves de la comunicación dejan de ser las del pueblo, o la de los grupos en desventaja, y se produce un desempoderamiento de los mismos. Esto lo he podido corroborar en el acompañamiento a la Familia de la Calle. Yo ya conocía el fenómeno, como autodidacta en varios temas de tecnología, hay una fijación de las palabras por un sector que se adueña de las mismas. Muchas veces es necesario interpretarlas, y hasta traducirlas, a una comprensión cotidiana. Mientras que la expresión cotidiana está disponible para todos, la palabra jerarquizada está disponible para unos pocos e inclusive, muchas veces, viene montada por conceptos o expresiones dominantes o antinaturales para la cultura local. Es muy interesante ver cómo palabras que se incorporan en un ambiente liberador, pero tienen componentes dominantes, muchas veces se popularizan, escribiéndose con una pronunciación o comprensión popular. Siempre aparecen aquellos que se identifican con un claustro, un cuerpo académico, un monasterio o grupo que, al final, lingüísticamente se separa de su propia comunidad. El lenguaje se jerarquiza y se diferencia del mismo ambiente originario que lo sustenta. Un lenguaje nuevo encierra también nuevas costumbres, e imposiciones. Esas costumbres generan una cultura dominante, muy lejana de los sectores marginados. Donde, inclusive, aquellos que se han encumbrado se comunican más fluido con sus pares de otras culturas que con su mismo pueblo.  Debiendo, en muchos casos, el mismo sector encumbrado que pertenece a un entorno, redescubrir a su propia cultura de base.

Desde los centros locales y de los centros dominantes, aparece algo que requiere ser estudiado y organizando.  Un conocimiento y una cultura que se cree debe ser descubierta. Como si no existiera, por considerársele sin valor antes de ser observado o estudiado.

Voy a dar un ejemplo. Muchas personas cuando menciono La Familia de la Calle me identifican como un fundador, un creador o un iniciador. Cuando comencé a acompañar a la familia de la calle, a la acción que tomé de salir a hacer visitaciones y bajo una determinada postura personal le puse el nombre Café 1200. Café porque salía a las visitaciones con café con leche y además porque en la ciudad de Buenos Aires, donde vivo, es común que los amigos se encuentren a tomar un café para charlar. De esta manera le di una significación relacionada con el encuentro entre amigos, lo cual era el objetivo de mis visitaciones a las personas en situación de calle: La amistad. A su vez el recorrido iniciaba a la altura de la Av. Corrientes al 1200, y que este mismo número (1200) para mi espiritualidad personal e historia ancestral me vinculaba con el año de expansión de las herejías medievales y los movimientos espirituales populares y vinculados con la marginación y la pobreza, como puede ser el valdense. Podíamos decir que salía con muy buenas intensiones, pero con un contexto cultural que la realidad me demostraría que poco tenía que ver con las comunidades de calle de mi barrio.

La praxis, la convivencia, las ansias de acompañar a los grupos visitados en un proceso de autoidentificación, me llevo a dejar todo eso de lado cuando, un día, habiendo coordinado entre la comunidad de calle y yo el hacer una comida en común, había impreso unas invitaciones. En realidad, era algo simbólico, como unas invitaciones para nosotros mismos.  En el margen inferior derecho, le había puesto una pequeña leyenda, Café 1200. Una de las mujeres me dice: -¿Qué es esto?- le dije tímidamente:- Es el nombre que le puse a lo que hago- y me dice: -No, ponele La Familia de la Calle-. ¡Pero claro!, si en realidad yo había sido aceptado por el grupo. Ahí comencé a repensar y desmontar toda la carga ideológica con que venía actuando. Se me aliviano la carga, se me mostró un camino conjunto. El concepto de Familia de Calle, el cual me enseñaron, era el que estaba comenzando a palpar, a reconocer, a dejarme incluir, a poder comenzar a trabajar para el bien común. El concepto de Familia de Calle fue preexistente a mi aparición. Todo lo anterior perdió total sentido. Es allí donde se comienza a manifestar la actitud de la valorización del grupo al que me aproximaba. El cual tiene su cultura, sus palabras claves descubiertas y escondidas, su modo de vida y su relación con los demás sectores hegemónicos y pudientes. Algunos niños eran cuarta o quinta generación de calle. Ese proceso amoroso de amistad y convivencia siguió fermentando, y me puso en una situación no extractivista de conocimiento, sino más bien en una acción conjunta, en comunidad.

“El «extractivismo» intelectual, cognitivo o epistémico, trata de una mentalidad que no busca el diálogo que conlleva la conversación horizontal, de igual a igual entre los pueblos ni el entender los conocimientos indígenas en sus propios términos, sino que busca extraer ideas como se extraen materias primas para colonizarlas por medio de subsumirlas al interior de los parámetros de la cultura y la episteme occidental.” (Grosfoguel, 2016).

Como ya sabemos, la aproximación y futura convivencia comunitaria produce transformaciones en ambos sentidos. Hay vivencias que maduran y subvierten determinadas certezas generando nuevos procesos y conocimiento. Mientras quien divulgue dicho conocimiento sea parte de la comunidad, y está a su vez sea beneficiada por dicha difusión por tener un carácter informativo, educativo o de denuncia. Así y todo, deben tenerse cuidados en pretender que la voz del acompañante y comunicador no sea tomada como única verdad o la representación absoluta de la misma. El problema es cuando el investigador realiza una extracción de conocimiento de la comunidad para su mercadeo o apropiación, y como comenté antes, termina desvirtuando y oprimiendo por construcción dominante a la cultura del grupo original.

Estoy convencido de que el conocimiento divulgado debe ser reconstruido por medio de una praxis, si se desea ser fidedigno en las interpretaciones, a su vez, respetuoso y establecer una relación digna. Hay que comprender que, de cierta manera, uno es parte de un sistema en que la enseñanza se desarrolla mediante la inculcación de capitales y valores del grupo dominante sobre el resto. Se corre el riesgo típico que un conocimiento se desvirtúe por dicha dominación, e inclusive, termine dominando o acosando a la comunidad origen.

La acción que surgió de impulsar nuestro medio TECNOLOGIA HUMANIZADA, tomó fuerza debido a que años atrás algunos miembros de la comunidad de La Familia de la Calle necesitaban acceder a su primer trabajo. En un supermercado que acostumbraba comprar, había tres cajas de cobro, dos cajeras y una persona con múltiples funciones. Un día fui y las cajas de cobro habían sido reducidas a dos y se habían agregado dos terminales de autocobro.  Poco tiempo después, el número de personas que trabajaban allí también fue reducido. Me di cuenta, de esta manera, que la tecnología aplicada en forma no responsable conspiraba contra mi trabajo de acompañante de la comunidad a la cual soportaba. Ya sea haciendo actividades comunitarias, compartiendo afecto, haciendo currículos y mucho más. Así como desde la escucha y la reflexión. Muchos/as de los/as jóvenes intentaban poder insertarse en el mercado laboral, como cajeras/os o repositoras/es, limpieza, etc. Era su esperanza de vida y prosperidad. La situación me indignó. Se volvía a repetir el mismo dolor que cuando fallece algún amigo o amiga en la calle y otros sectores niegan un espacio hasta para realizar un evento comunitario de amistad. Me di cuenta de que era necesario visibilizar la injusticia de automatizar las tareas o pasarlas al cliente para aumentar las ganancias.

En la próxima parte de la nota analizaré como la autovaloración de su cultura y lenguaje son un factor muy importante para la autoestima y el acceso a nuevas posibilidades personales y grupales. Lo desarrollaré en coautoría con la familia de la calle.


Fuentes:

Ramón Grosfoguel, Del «extractivismo económico» al «extractivismo epistémico» y «extractivismo ontológico»: una forma destructiva de conocer, ser y estar en el mundo, Tabula Rasa, núm. 24, pp. 123-143, 2016, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca.
https://es.wikipedia.org/wiki/Apropiaci%C3%B3n_cultural
https://www.culturalsurvival.org/news/apropiacion-cultural-otra-forma-de-extractivismo-en-las-comunidades-indigenas

Acerca de Gustavo Reimondo 104 Articles
Coordinador de Tecnología Humanizada. Coordinador del proyecto Realidad Empoderada. Un proyecto de realidad virtual para la concientización en una praxis solidaria. Miembro del grupo: "La familia de la calle", organización conformada por personas indigentes y no indigentes en una relación igualitaria. Coordinador de proyectos de Infraestructura Física de Telecomunicaciones. Experto en Robótica, Instrumentación & Control, IoT, Sensórica y sistemas microcontrolados.

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